Feb 19 2008

La Fiscalia obri diligències penals per no tenir depuradora a Alcossebre.

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[vist en No Tan A Prop]

Quan portem 2605 dies incomplint la Directiva 91/271CE a tots els pobles costaners del Baix Maestrat, és a dir, a Vinaròs, Benicarló, Peníscola i Alcossebre, per no tenir depuradora i per continuar tirant la merda al mar, mitjançant emissaris submarins, sense la depuració mínima legal, ens assabentem que la Fiscalía ha obert diligències per si s’ha pogut produir un pressumpte delicte ecològic o contra el medi ambient. Cal recordar que a data 31 de desembre de l’any 2000 havíem de tenir depuradora en funcionament. A l’any 2008, encara ni Benicarló, ni Peníscola ni Alcossebre tenen ni tan sols el projecte tècnic aprovat de la futura EDAR que s’ha de construir per imperatiu legal.


Feb 18 2008

ellos irán a votar… ¿y tú?

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Hay muchas opciones, vota la que más te convenza, pero acude a las urnas, no solo es tu derecho, ¡es tu responsabilidad!


Feb 17 2008

imparcialitat a Canal 9

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quina vergonya!!


Feb 16 2008

Malas y buenas noticias

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Santiago Alba Rico

Hay siempre malas y buenas noticias.

La buena noticia es que en España circulan 26 millones de automóviles privados; que 8.000 km2 están ocupados por carreteras, calles y aparcamientos; que hay 43 millones de teléfonos móviles; que utilizamos 60.000 millones de envases de plástico y cartón; que comemos 175 kilos de carne por persona y año; que sólo en la Comunidad de Madrid hay 500.000 casas vacías; y que cada minuto gastamos en distintas chucherías -comestibles o electrodomésticas- 600.000 euros.

La mala noticia es que, según la OMS, unos trece millones de personas mueren cada año en el mundo debido al deterioro del medio ambiente, 200.000 de entre ellas como consecuencia directa del cambio climático.

La mala noticia es que, según Al Gore, “el casquete polar nórdico está derritiéndose y desmoronándose y podría desaparecer completamente durante el verano en menos de 22 años”.

La buena noticia es que, según la periodista Amy Goodman, “las grandes empresas ya están celebrando la ruptura del casquete polar, pues abrirá una ruta marítima en el norte desde el Atlántico al Pacífico, creando una vía más barata para transportar más cosas innecesarias”.

La buena noticia es que arrojamos a la atmósfera, todos los días, 70 millones de toneladas de partículas contaminantes.

La mala noticia es que las empresas que contaminen por encima de lo previsto en los protocolos de Kioto tendrán que comprar a otras empresas su derecho a sobrecontaminar a un precio de aproximadamente 10 euros por tonelada de CO2.

La buena noticia es que 80 millones de aviones sobrevuelan nuestras cabezas todos los años y que en el año 2010 el número de viajes turísticos alcanzará los 1.100 millones.

La mala noticia es que, según Francesco Frangialli, director general de la Organización Intermacional del Turismo, los destinos preferidos de nuestros consumidores -paradisíacas playas y centros de esquí- habrán desaparecido quizás en pocos años.

La mala noticia es que consumimos 75 millones de barriles de petroleo al día y para el 2015 la demanda habrá aumentado en un tercio más.

La buena noticia es que para afrontar la inevitable escasez de combustible y la correspondiente crisis energética y alimentaria, los ricos de EEUU tendrán que deshacerse en los próximos cincuenta años de 92 millones de estadounidenses si quieren mantener sus niveles de crecimiento y consumo; los del resto del mundo deberán suprimir a 4.250 millones de seres humanos.

La buena noticia es que en este mundo y bajo estas condiciones es muy difícil distinguir las buenas de las malas noticias. ¿O es ésta quizás la mala noticia?

Durante dos décadas, gobiernos y multinacionales -con EEUU a la cabeza- han negado, cuestionado o matizado la realidad del cambio climático. Ahora, la concesión del premio Nobel de la Paz a Al Gore, millonario ex-vicepresidente del país más ambientalmente agresivo del mundo, viene a revelar, no la conciencia repentina de un desastre inminente y la voluntad de autocorrección, sino la necesidad de gestionar esa conciencia -asentada desde hace tiempo en gran parte de la población- sin cuestionar el modelo del que proceden las amenazas. Mediante el control institucional de la alarma ecológica, gobiernos y multinacionales buscan obtener ventajas de un peligro que no pueden ya ocultar. En primer lugar, tratan de generar la tranquilizadora ilusión de que se están tomando medidas, de que hay siempre una solución tecnológica a los excesos de la tecnología y de que hay una alternativa capitalista a los desastres del capitalismo. En segundo lugar, orientan la atención hacia la responsabilidad individual, con el doble efecto de afirmar el espejismo de nuestras libertades atómicas dentro del mercado y de impedir las conexiones colectivas, tanto en las causas como en las respuestas. Por último y como resultado de lo anterior, el cambio climático queda inscrito dulcemente en la ecuación naturaleza-capitalismo bajo la forma de un Sujeto o Agente mitológico, fuente él mismo de los males que nombra, hacia el que las víctimas no pueden dejar de dirigir su rencor: “El Cambio Climático alarga el verano”, “el Cambio Climático aumenta el riesgo de tsunamis”, “el Cambio Climático eleva el nivel de los mares”. El cambio climático deja de ser el resultado de una intervención estructural a gran escala sobre y contra la naturaleza para convertirse más bien en el objeto natural -adverso y tenebroso- de un haz de intervenciones individuales salvíficas magistralmente coordinadas por Unión Fenosa, Repsol y Monsanto.

¿Desarrollo sostenible? ¿Crecimiento sostenible? ¿Canibalismo sostenible? La fuente de toda riqueza, recordaba Marx a los socialdemócratas alemanes, “no es el trabajo sino la naturaleza”. Bajo el capitalismo, la fuente de toda riqueza no es la naturaleza ni el trabajo ni la explotación ni el saqueo sino la hipótesis material de una acumulación -y una destrucción- ilimitadas. Hace ya tiempo que la humanidad, empujada por una combinación mortal de tecnología y capitalismo, ha cruzado ese umbral a partir del cual la fuerza misma de la que depende nuestra supervivencia depende de nuestra intervención para sobrevivir. La naturaleza que nos sostiene ya no se sostiene a sí misma. Frente a ella lo único que se sostiene a sí mismo, el único “organismo” autorregulado e irreformable, es precisamente el capitalismo que la destruye sin cesar, amenazando su supervivencia como hogar y nodriza de los seres humanos (por no hablar de aves, mamíferos y plantas). Sólo la pusilanimidad o el interés más ciegos pueden creer aún que es posible estar al mismo tiempo en contra del cambio climático y a favor del mercado. “Deprisa, deprisa”, escribía Primo Levi en un poema de 1987 dirigido con amargura a los responsables de esta fragilidad sin precedentes de la especie humana: “deprisa, deprisa, ampliemos el desierto/ en las selvas del Amazonas/ en el corazón vivo de nuestras ciudades/ en nuestros propios corazones”. Deprisa, deprisa -más deprisa aún- debemos expropiar las empresas, planificar la economía, regular el consumo, ralentizar nuestras ciudades, poblar nuestros corazones, como última posibilidad de mantener con vida una naturaleza que hemos combatido, saqueado, vencido y a la que ahora -tal vez demasiado tarde- hay que sostener y regular desde fuera -expresión ominosa del daño infligido y del peligro creciente.

La mala noticia es que el capitalismo ni se detendrá ni se destruirá solo -salvo para destruir con él la humanidad misma.

La buena noticia es que todavía respiramos.


Feb 15 2008

La fi de la bombolla

El programa 30 minuts de TV3 ens parla del fi de la bombolla immobiliària i la crisi al sector immobiliari no només en Espaya sinó també als EEUU on donada la necessitat de vendre i la manca de compradors, ja s’opta per la subhasta de les cases per part dels propietaris, subhastes on cases de més de 200m2 es venen per uns 130.000 EUR.


Feb 14 2008

Devolución (revolución)

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Santiago Alba Rico [Doropaedia]

Revolución: hasta el siglo XV no existe la palabra y sólo en el XVII se usa por primera vez como metáfora política. Todavía en el siglo XVIII, treinta años antes de la más famosa y decisiva, la Encyclopedie de Diderot y D’Alembert se ocupa sobre todo de las acepciones científicas del término: la rotación de una figura plana en torno a un eje inmóvil para la geometría, la órbita completa de un planeta alrededor del sol para la astronomía, la acción recíproca de las ruedas por medio de engranajes para la relojería. El vocablo Revolución, hasta el derribo de la Bastilla, evoca en las minorías cultas de Europa, dóciles a su etimología latina, la tranquilidad de un automatismo restaurador, la constancia mecánica de un eterno retorno: rodar, girar, circular sobre un raíl fijo y para volver al punto de partida. De hecho, la consagración política del término en Inglaterra -nos recuerda Hannah Arendt- no va históricamente asociada a la revolución popular de Cromwell de 1648 sino a las dos maniobras reaccionarias de 1660 y 1688 encaminadas “a la restauración del poder monárquico en su gloria y virtud primitivas”.

Es la Revolución francesa de 1789 la que establece para siempre el concepto político de la Revolución como un radical comienzo a partir de otros carriles; es decir, no como el ciclo natural del retorno al mismo principio sino como la necesidad de empezar desde uno nuevo. Algo de la acepción original permaneció, sin embargo, en este impulso prometeico. Los jacobinos franceses destruyeron el Antiguo Régimen -observa Marx- “vestidos con ropajes romanos” y a fin de restaurar las libertades ciudadanas de la República de Bruto. Además, concibieron su empresa emancipatoria, a partir de la inspiración ilustrada, como el re-establecimiento de una naturaleza humana siempre burlada y jamás establecida. Los grandes defensores de la monarquía -Maistre, Burke, De Bonald- habían insistido en la identificación entre Sociedad y Naturaleza precisamente porque Robespierre y Saint-Just habían demostrado de hecho -con los hechos- la artificialidad de esa ecuación. La Revolución es sobre todo Devolución; la acción restauradora mediante la que se devuelve a los hombres sus derechos naturales (“libertad, igualdad, fraternidad”), negados y silenciados, como sostenía Rousseau, a través de una larga historia de violencias sociales. Es ésta también la concepción marxista de la Revolución que llevará al triunfo bolchevique de 1917: “revolverse” es devolver a los hombres la propiedad sobre los productos de su trabajo, expropiada violentamente por igual bajo el régimen feudal y bajo el capitalismo. La restauración de la Naturaleza, en cualquier caso, está obligada a ser revolucionaria frente a esta fuerza mecánica siempre victoriosa que acaba por imponer a la revolución misma un dinamismo también mecánico: junto a la revolución de los astros, de las figuras y de las ruedas del reloj, tenemos la revolución de las revoluciones, cuyos ciclos periódicos, inscritos en el corazón del sistema, restauran una y otra vez, no sus principios nuevos, sino su necesidad (1830, 1848, 1871, 1968). Bajo el capitalismo, lo que vuelve sin descanso es, sí, la necesidad de la Revolución.

Pero vuelve precisamente porque el artificio expropiador, la desigualdad, la tiranía, el dolor inducido, la infelicidad organizada no descansan nunca y no nos dejan descansar. El eje material y subjetivo del capitalismo, colofón de la llamada revolución industrial, es el automóvil, metáfora extrema de la acepción mecánica, no política, de la Revolución. Geométrica, astronómica, relojera, esta raíz original se fija y se consuma en el “motor”, cuyos giros vertiginosos se miden también en “revoluciones”. El capitalismo es una máquina que gira sobre sí misma, a velocidad cada vez mayor, y es ésta su condición mecánica irresistible, y su formato tecnológico, lo que paradójicamente confiere a sus sociedades, mucho más que a las del Antiguo Régimen, una apariencia de Naturaleza. Y por eso acaba por parecernos natural, y aceptamos con naturalidad, la extinción de 16.000 especies, la disolución de los polos, el empobrecimiento del agua, la tierra y el aire, la muerte por hambre, el poder de la malaria, la dificultad para encontrar un trabajo y una casa, el contagio de la insolidaridad y hasta la tortura, los bombardeos y las invasiones.

La naturaleza nunca ha existido y por tanto hay que crearla por medios artificiales, como las vacunas, los antibióticos, la música y el amor. La única Revolución permanente -como la de las figuras, los astros y los relojes- es la Revolución mecánica, motorizada, del capitalismo. Y por eso una Revolución política no puede ser ni mecánica ni motorizada y mucho menos permanente; no podrá ser sólo revolucionaria. La Revolución debe ser, sí, una Devolución y aplicará, en consecuencia, una triple presión en una triple dirección: será revolucionaria en lo económico, para devolver a los hombres la propiedad que les es mecánica e ininterrumpidamente escamoteada y sin la cual no podemos ser lbres; será reformista en lo institucional, para devolver a las instituciones la autonomía que les es mecánica e ininterrumpidamente secuestrada y sin la cual no podemos ser iguales; y será conservadora en lo antropológico, para devolver a la Tierra la autarquía que le es mecánica e ininterrumpidamente robada y sin la cual no podemos tampoco ser hermanos.


Feb 14 2008

Permitidme tutearos, imbéciles

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ARTURO PÉREZ-REVERTE

Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda. Presidente de este Gobierno. Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos. Ministros y ex ministros –aquí matizaré ministros y ministras– de Educación y Cultura. Consejeros varios. Etcétera. No quiero que acabe el mes sin mentaros –el tuteo es deliberado– a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía. De vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas. De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España figure entre los países más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los públicos en calidad de enseñanza, y los alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas.

Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia. Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Hace menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006, a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maravall y Solana –que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural–, pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo Ansar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña. Y en cuanto al Pesoe que ahora nos conduce a la Arcadia feliz, ahí están las reacciones oficiales, con una consejera de Educación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, que tras veinte años de gobierno ininterrumpido en su feudo, donde la cultura roza el subdesarrollo, tiene la desfachatez de cargarle el muerto al «retraso histórico». O una ministra de Educación, la señora Cabrera, capaz de afirmar impávida que los datos están fuera de contexto, que los alumnos españoles funcionan de maravilla, que «el sistema educativo español no sólo lo hace bien, sino que lo hace muy bien» y que éste no ha fracasado porque «es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad», entre ellos el de que «los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el sms». Con dos cojones.

Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente –recuérdame que te lo comente la próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española–. Deslumbrante, lo juro, eso de que «lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres», aunque tampoco estuvo mal lo de «hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento educativo, fruto del país que tenemos». Dicho de otro modo, lumbrera: que después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes pasando por Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo, vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de cuatro suspensos y tira p’alante. Pues la culpa de que ahora la cosa ande chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía, no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet. La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal, Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que estudió bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José Manuel Sánchez Ron, Ignacio Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Francisco Rico y algunos otros analfabetos, padres o no, entre los que generacionalmente me incluyo.

Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado.


Feb 11 2008

Política exterior del PSOE: el poder de la magia

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Santiago Alba Rico (escritor)

Como es sabido, los prestidigitadores ejecutan una serie de pases mágicos –enormes garabatos en el aire– para ocultar y al mismo tiempo anunciar, por debajo de nuestro campo de visión, el cambio rapidísimo que arrancará nuestros aplausos. Sólo un reduccionismo demagógico puede negar la discontinuidad de la política exterior de Zapatero respecto de la de su predecesor en el Gobierno, pero sólo la ingenuidad interesada de un tifoso podría dejar de percibir que esta discontinuidad tiene que ver sobre todo con la pompa de la magia. En este terreno, como en otros, no se sabe qué asombra más, si la prometedora y excitante teatralidad de los pases de mano del PSOE o el hecho de descubrir, al inclinar la mirada, que todo sigue igual.

No desdeñemos esta magia como simplemente retórica o tramposa; hace falta mucho menos poder taumatúrgico para transformar un pañuelo que para transformar a los espectadores (que es lo que hacen en realidad los magos), y lo cierto es que los pases grandilocuentes del PSOE, que mantienen inalterado el Gobierno, han cambiado radicalmente –oh– a los gobernados: de las movilizaciones populares contra la guerra que estuvieron en el origen del vuelco electoral del 14-M, cuatro años después no queda nada. La diferencia entre el PP y el PSOE, por tanto, no es sólo formal, salvo que aceptemos que las formas (el llamado “talante”) son precisamente las que determinan las respuestas del público frente al escenario; la diferencia muy material y mensurable entre la política exterior del PP y la del PSOE es que la del primero generaba protestas y movilizaciones y la del segundo no. Hay magos que consiguen hacer desaparecer un conejo dentro de un sombrero mientras el público aplaude; el PSOE, mucho más eficaz, ha hecho desaparecer al público mismo cuando empezaba a alborotar.

[Artículo completo aquí]

Este artículo forma parte del número especial “Cuatro Años de ZP” publicado por el quincenal de información crítica DIAGONAL


Feb 06 2008

Sin respuesta la gran pregunta de la historia

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Enrique LacosteCarlos Rafael Diéguez

La pregunta más grande de la historia y mejor formulada, con lógica, argumentos irrebatibles y una carga de humanidad incuestionable ha recibido el mismo tamaño de silencio como respuesta, sin justificación alguna. Eso de “hacerse de la vista gorda” en mucha gente (léase millonarios) anda como plaga, y ahora se le suma la de ser mudo. Cuando la interrogante se hizo, hace cerca de doce años, los medios del mundo desarrollado no le concedieron mucho caso, desde luego se trataba de una complicidad para que los responsables o dueños de tanta “energía negativa” que debían responder por su culpa, no se enfadaran y se sintieran aludidos.

Fidel Castro, en la Cumbre Mundial sobre la alimentación efectuada en la sede de la FAO en Roma el 16 de noviembre de 1996 formuló la pregunta más grande de la historia de la humanidad:

“¿Por qué se invierten 700 000 millones de dólares cada año en gastos militares y no se invierte una parte de estos recursos en combatir el hambre, impedir el deterioro de los suelos, la desertificación y la deforestación de millones de hectáreas cada año, el calentamiento de la atmósfera, el efecto invernadero, que incrementa ciclones, escasez o excesos de lluvias, la destrucción de la capa de ozono y otros fenómenos naturales que afectan la producción de alimentos y la vida del hombre sobre la Tierra?”

Ochenta y cinco palabras tiene la contundente pregunta formulada el siglo pasado y que desde entonces ha recibido mutis y amenaza ser tapada con más silencio. Todo indica que los “señores del mundo” no oyen los discursos en defensa de los pobres y mucho menos canciones.

Era un adolescente cuando escuché por primera ves una canción del brasileño Roberto Carlos con unas estrofas que por mi temprana edad no entendía muy bien /Yo quisiera poder aplacar una fiera terrible/ Yo quisiera poder transformar tanta cosa imposible/ Yo quisiera decir tantas cosas que pudieran hacerme sentir bien conmigo/. Hermosa melodía para un himno de la humanidad que debería ser entonado por los grandes empresarios y “dueños” del mundo que hoy no se inmutan ante el vertedero oceánico.

Los océanos del planeta se han convertido en reservorios de desechos que envenenan a los seres vivos de la tierra y el agua. A los mares, junto con las aguas residuales, que van a parar a la basura y generan los grandes consorcios industriales de los países desarrollados: ¡el colmo hasta residuos radiactivos!

Los científicos consideran que el ochenta por ciento de los contaminantes que invaden la mar provienen de fuentes terrestres. Los seres humanos se pasan la vida fabricando la muerte, su propia extinción orientada por un puñado de negligentes, sedientos de papeles dólares.

La realidad de la contaminación esta en la mente de los hombres que en el afán de riqueza destruyen la naturaleza. Cuanta razón tiene Roberto Carlos al afirmar en su canción que tituló “Progreso” como ironía perfecta / Yo quisiera no ver tantas nubes oscuras arriba/ navegar sin hallar tantas manchas de aceite en los mares/ y ballenas desapareciendo por falta de escrúpulos comerciales/ Yo quisiera ser civilizado como los animales /.

Es triste decirlo, pero hoy el hombre, debiera mirar más a los animales y aprender de ellos la armonía del trabajo y la sostenibilidad alimentaria; aprender como las abejas capaces de hacer uno de los productos mas saludables de la naturaleza, como es la miel, gracias al esfuerzo colectivo exhiben racionalidad, disciplina, inteligencia. Hasta las gallinas, perros y caballos pueden darnos hoy lecciones de convivencia. Los animales apenas contaminan y cuando lo hacen es como consecuencia de la acción de los hombres. Es lógico que el cantor quiera ser como los animales porque nada justifica que tanto verde en la tierra ande muriendo y las buenas aguas de los ríos y los peces desaparezcan.

Fidel Castro como gran humanista que es, hizo la pregunta más grande de la historia en nombre de los millones y millones de hambrientos del planeta y al propio tiempo, en la interrogante, dio la sugerencia de cómo acabar con la miseria. La respuesta a la idea que ofreció tampoco ha llegado. Continúan las inversiones de armas para las guerras en busca del petróleo con el pretexto de matar terroristas. No han respondido la pregunta, y si están a punto de acabar con la humanidad.

Doce años cumplirá el 16 de noviembre de 2008 la pregunta más grande de la historia, nunca es tarde para recordarla y actualizarla. Los medios tan humanos y democráticos del planeta de seguro pueden olvidar el silencio por el bien de la humanidad.


Ene 31 2008

la propia medicina

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La ex-alcaldesa de Alcalà y actual portavoz (supongo) del grupo socialista del ayuntamiento de Alcalà ha probado un poco de su propia medicina y parece que no le ha gustado.

Puedes leer más en El Set 7.


Ene 31 2008

Fabra, el cacique del PP en Castellón

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Lucas Marco [Diagonal]

El protagonista del lento y complejo ‘Caso Fabra’ ha sido agraciado –y ya van tres veces– con un premio de dos millones de euros en el sorteo del Niño de la lotería. El hecho recuerda sospechosamente a las 50 veces que, en 15 años, la suerte sonrió a la familia de Juan Antonio Roca, el cerebro de la trama urbanística de corrupción en Marbella. La compra de billetes premiados de lotería es todo un clásico del blanqueo de dinero negro. DIAGONAL repasa la trayectoria del cacique cuya estirpe familiar lleva un siglo anclada en el poder en Castellón.

Continúa leyendo “Fabra, el cacique del PP en Castellón”


Ene 26 2008

¿A dónde estamos huyendo?

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Leonardo Boff

Una de las principales características del momento actual es la aceleración del tiempo. El espacio terrestre prácticamente lo hemos conquistado todo, pero el tiempo continúa siendo el gran desafío. ¿Podremos dominarlo?

La carrera contra él se da en todas las esferas, comenzando por el deporte. En cada olimpiada se busca superar todos los tiempos anteriores, especialmente en la clásica carrera de los cien metros. Los automóviles deben ser cada vez más veloces, los aviones y las naves espaciales tienen que superar la velocidad de la generación anterior. En el agronegocio se utilizan abonos químicos de crecimiento para acortar el tiempo y aumentar el lucro. Internet funciona a altísima velocidad, y sin cables, pues, para ganar tiempo, todo se hace vía satélite. La aceleración ha alcanzado especialmente a las bolsas. Cuanto más rápidamente se transfieren capitales de un mercado a otro, teniendo en cuenta el huso horario, más se puede ganar. Más que nunca antes, «el tiempo es oro».

Ciertamente, en todo este proceso hay un elemento liberador, pues el tiempo fue en gran parte vivenciado como una servidumbre. No podemos detenerlo. Por otro lado produce un impacto sobre la naturaleza, que tiene sus tempos y sus ciclos. El impacto no es menor sobre las mentes de las personas, que se sienten confundidas, particularmente las de más edad, que pierden los parámetros de orientación y de análisis de lo que está ocurriendo en el mundo y consigo mismas.

¿Vale la pena esta carrera imparable? ¿Hacia dónde estamos huyendo?

¡Y ay de aquellos que no se adaptan a los tiempos! En el trabajo, son expulsados del mercado, pues sus habilidades quedan obsoletas. Los que no se actualizan, pierden el ritmo del tiempo, y son considerados precozmente envejecidos, o simplemente atrasados. Lo cual puede ocurrir incluso con países enteros, los que no incorporan los avances de la tecnociencia. Todos están obligados a modernizarse rápidamente y a ser países emergentes.

¿A donde nos llevará esta carrera contra el tiempo? Éste siempre nos gana, pues no podemos congelarlo. Simplemente, pasa despacio, o acelerado, como en los grandes túneles de aceleración de partículas.

Pero es importante considerar que hay tiempos y tempos. El tiempo natural de crecimiento de un árbol gigante puede demorar 50 años. El tiempo tecnológico para derribarlo con la motosierra dura sólo 5 minutos. ¿Cuánto tiempo necesitamos para crecer en madurez, en sabiduría, y para conquistar el propio corazón? A veces una vida entera de 80 años es demasiado corta… El tiempo interior no obedece al tiempo del reloj. Necesitamos tiempo para trabajar nuestros conflictos interiores; a veces, esos conflictos nos obligan incluso a detenernos.

Una reflexión del maestro zen Chuang-Tzu, de hace 2.500 años, nos parece muy inspiradora. Cuenta que había una persona que quedaba tan perturbada al contemplar su sombra y tan malhumorada con sus propias huellas, que pensó que era mejor librarse de ambas cosas. Utilizó el método de la fuga, tanto de una como de las otras. Se levantó y se puso a correr, pero siempre que ponía su pie en la tierra aparecía la huella, y la sombra lo seguía sin la menor dificultad.

Atribuyó su error a que no estaba corriendo como debía. Entonces se puso a correr más velozmente, y sin parar… hasta que cayó muerto. Su error, comenta el Maestro, fue no haberse dado cuenta de que sólo con pisar en un lugar sombrío, su sombra hubiera desaparecido, y que si se hubiera quedado quieto, ya no habría habido más huellas que le siguieran…

¿No es eso lo que se impone hacer hoy? ¿Hacer una parada? Ahí está el secreto de la felicidad y de la ansiada paz interior.


Ene 22 2008

¿Quién cabe en el mundo?

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CARLOS FERNÁNDEZ LIRIA

Si nuestros sistemas políticos fueran lo que dicen ser, en todos los parlamentos se estaría discutiendo ahora una gráfica elaborada por Mathis Wackernagel, investigador del Global Footprint Network (California). Pero no parece que el asunto haya llamado demasiado la atención. Y sin embargo, la gráfica resulta demoledora para las más firmes certezas de nuestra clase política y, por supuesto, para los criterios más evidentes de los votantes. Sobre todo, en un mundo político en el que izquierda y derecha se llenan la boca con los objetivos del “desarrollo sostenible”.

La cosa es bien sencilla. El eje vertical representa el Índice de Desarrollo Humano (IDH), elaborado por Naciones Unidas para medir las condiciones de vida de los ciudadanos tomando como indicadores la esperanza de vida al nacer, el nivel educativo y el PIB per cápita. El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) considera el IDH “alto” cuando es igual o superior a 0’8, estableciendo que, en caso contrario, los países no están “suficientemente desarrollados”. En el eje horizontal se mide la cantidad de planetas Tierra que sería preciso utilizar en el caso de que se generalizara a todo el mundo el nivel de consumo de un país dado. Wackernagel y su equipo hicieron los cálculos para 93 países entre 1975 y 2003. Los resultados son estremecedores y sorprendentes. Si, por ejemplo, se llegara a generalizar el estilo de vida de Burundi, nos sobraría aún más de la mitad del planeta. Pero Burundi está muy por debajo del nivel satisfactorio de desarrollo (0’3 de IDH). En cambio, Reino Unido, por ejemplo, tiene un excelente IDH. El problema es que, para conseguirlo, necesita consumir tantos recursos que, si su estilo de vida se generalizase, nos harían falta tres planetas Tierra. EEUU tiene también buena nota en desarrollo humano; pero su “huella ecológica” es tal que harían falta más de cinco planetas para generalizar su estilo de vida.

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Ene 19 2008

Evitar el cambio climático exige el cambio político

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Koldo Campos

Nadie en sus cabales aceptaría que a los padres de un niño con evidentes señales de maltratos, abusos sexuales, desnutrido y enfermo, se les confirmara su pretendido derecho a la custodia. Ni siquiera en el caso de que se confesaran arrepentidos de los hechos podría alguien que no fuese un canalla, permitir que ese niño siguiera expuesto a los mismos dolores y en manos de los mismos delincuentes, por más progenitores que se digan.

Al margen de las responsabilidades penales que la justicia determinase en el caso, esos padres son los menos indicados para criar y educar a un niño, y cualquier ciudadano sensato, cualquiera con sentido común, estaría de acuerdo en la necesidad de evitarlo, de proteger a ese niño de sus padres.

Pero esa general repulsa que no acepta discrepancias en relación a un menor maltratado y violado por sus propios padres, no se expresa, sin embargo, con la misma lógica y contundencia, respecto a otros maltratos y atropellos.

En relación al cambio climático, por ejemplo, no hay cabales que valgan, ni justicia que intervenga, ni sensatez que hable o común que imponga su sentido.

Los mismos responsables de haber conducido al planeta al calamitoso estado en que se encuentra, de haberlo exprimido hasta la extenuación, de haber generado los cambios climáticos que hoy se lamentan y que, asegura la comunidad científica, apenas son los primeros síntomas del desastre que se avecina, se arrogan el deber y el derecho de reconducir los pasos de ese maltratado, hambriento y enfermo niño.

Y aún van más lejos. Además, nos trazan las pautas de urbana conducta que debemos seguir los ciudadanos para contribuir a evitar el desastre, reciclando basura, economizando agua, ahorrando energía…mientras ellos multiplican los beneficios que les depara la ruina general y sus medios de comunicación hacen apología del más grosero despilfarro, del más absurdo consumo.

La pasada Navidad fue un hermoso escaparate en todo el mundo de hasta qué punto es creíble la buena voluntad de estados y gobiernos en relación al tema del ahorro energético. Vía satélite pudimos ver sobre el planeta los fantásticos destellos luminosos de la navidad en el mundo… en el mundo que no precisa velas. Pero nadie desconfía de la buena voluntad de sus Estados, de las iniciativas de sus gobiernos, de la bondad del modelo de desarrollo impuesto. El menor debe seguir a cargo de sus padres. Ocasionalmente, hasta se le puede entregar a alguno el premio Nóbel.

Los mismos intereses que han convertido la vida en un mercado, que han secuestrado todos los conceptos, que han precintado sueños y prostituido conciencias, que han desatado hambrunas y matanzas que son, al mismo tiempo, oráculos de Dios y del Estado, fariseos que viven de la bolsa, torturadores con licencia, honrados genocidas, se otorgan el deber y el derecho de seguir guiando los pasos de ese maltratado, abusado y hambriento niño.

Y también nos trazan las normas de pensamiento y convivencia que deberá observar la ciudadanía para superar la amenaza terrorista, la amenaza del paro, la amenaza de la droga, la amenaza de la indigencia, la amenaza de la violencia, la amenaza de nuevas amenazas.

Ellos están, precisamente, para preservarnos de todas las demás amenazas.

En eso andaba en estos días George Bush por Oriente Medio, repartiendo dinero, armas y amenazas. En eso sigue el gobierno israelí en los territorios ocupados, repartiendo muertos, muros y amenazas.

Los grandes medios de comunicación se encargan de transmitirnos el relato. La gente, agradecida, asiente y reconoce la importancia del disparo preventivo, la eficacia de la bomba de rutina, lo oportuno de la guerra humanitaria, lo aconsejable que es la paz castrense, y celebra y aplaude la terapia puesta en práctica con ese niño maltratado, enfermo y hambriento.

Nadie pone en duda la exaltación de la mentira o la difamación de la verdad.

Evitar el cambio climático exige el cambio político.

¿O dejamos al niño con sus padres?


Ene 17 2008

Pancistas - Cuando el Estado pasa a ser coto de la jerarquía de los partidos políticos

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Ricardo Rodríguez

“…no es el problema mayor, con ser grave, de la proliferación de cargos de confianza el elevado coste para las arcas públicas del sostenimiento de tan ingente muchedumbre de vagos. Ni siquiera lo es que su incompetencia les lleve a cometer un sinfín de desmanes en su gestión que luego haya que resolver, si es que se puede. Lo peor de todo es la destrucción de la democracia. En cualquier sociedad moderna, el papel que desempeña la Administración pública es crucial y determina la existencia cotidiana de todos y cada uno de los ciudadanos; es esencial la objetividad en su actuación, la imparcialidad y desde luego la profesionalidad de los trabajadores y trabajadoras que la integran. Una de las garantías más importantes de que no se han de cometer abusos de poder reside en que los empleados públicos cumplan en su labor con las leyes aprobadas en el Parlamento y no dependan de la arbitrariedad del político de turno. Y ello solamente puede lograrse si tales empleados públicos han llegado a serlo por haber superado un proceso selectivo que haya evaluado objetivamente sus conocimientos y su capacidad. Si los cargos de confianza, cuyo salario depende del político que los designa, suplen en su función a trabajadores independientes e imparciales, la estructura interna del Estado, que la conforma mayoritariamente la Administración pública, se pudre al ser penetrada por el mero caciquismo. Y entonces el Estado pasa a ser coto de la jerarquía de los partidos políticos, que con frecuencia son a su vez coto de los grupos empresariales y financieros que les pagan, y el conjunto de la democracia se convierte en una farsa…”

[articulo completo aquí]


Ene 16 2008

Principio Tierra

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Leonardo Boff

Nunca se había hablado tanto de la Tierra como en los últimos tiempos. Hasta parecería que la Tierra acabara de ser descubierta. Los seres humanos han hecho un sinnúmero de descubrimientos, pueblos indígenas escondidos en las selvas remotas, seres nuevos de la naturaleza, tierras distantes y continentes enteros. Pero la Tierra nunca fue objeto de descubrimiento. Fue necesario que saliésemos de ella y la viésemos desde fuera para descubrirla como Tierra y Casa Común.

Eso ocurrió a partir de los años 60 con los viajes espaciales. Los astronautas nos revelaron imágenes antes nunca vistas. Usaron expresiones c_onMovedoras como «la Tierra parece un árbol de navidad colgado en el fondo azul del universo», «es bellísima, resplandeciente, azul y blanca», «cabe en la palma de mi mano y puedo taparla con mi pulgar». Otros tuvieron sentimientos de veneración y de gratitud y rezaron. Todos regresaron con un renovado amor por la buena y vieja Tierra, nuestra Madre.
Esta imagen del globo terrestre visto desde el espacio exterior, divulgada diariamente por las televisiones del mundo entero, suscita en nosotros un sentimiento de sacralidad y está creando un nuevo estado de conciencia. En la perspectiva de los astronautas, desde del cosmos, Tierra y Humanidad forman una única entidad. Nosotros no vivimos solamente sobre la Tierra. Somos la propia Tierra que siente, piensa, ama, sueña, venera y cuida.

Pero en los últimos tiempos se han anunciado graves amenazas que pesan sobre la totalidad de nuestra Tierra. Los datos publicados el 2 de febrero que culminaron el día 17 de noviembre de 2007, por el organismo de la ONU, el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, junto con los impasses recientes de Bali nos indican que ya entramos en la fase del calentamiento global con cambios abruptos e irreversibles. El calentamiento puede variar de 1,4 a 6 grados centígrados dependiendo de las regiones terrestres. Los cambios climáticos son de origen antrópico, es decir, su principal causante es el ser humano que ha dado vida a un proceso industrial salvaje.

Si no se hace nada, iremos al encuentro de lo peor y millones de seres humanos podrán dejar de existir sobre el planeta.

Como hemos destruido irresponsablemente, ahora debemos regenerar urgentemente. La salvación de la Tierra no caerá del cielo. Será fruto de la nueva corresponsabilidad y del renovado cuidado de toda la familia humana.

Dada esta situación nueva, la Tierra se ha vuelto, de hecho, el oscuro y gran objeto del cuidado y del amor humano. No es el centro físico del universo como pensaban los antiguos, pero se ha vuelto en los últimos tiempos el centro afectivo de la humanidad. Sólo tenemos este planeta para nosotros. Desde aquí contemplamos todo el universo. Aquí trabajamos, amamos, lloramos, esperamos, soñamos y veneramos. A partir de la Tierra hacemos la gran travesía rumbo al más allá.

Lentamente estamos descubriendo que el valor supremo es asegurar la pervivencia del planeta Tierra y garantizar las condiciones ecológicas y espirituales para que la especie humana se realice y toda la comunidad de vida se perpetúe.

En razón de esta nueva conciencia hablamos del principio-Tierra. Es el fundamento de una nueva radicalidad. Cada saber, cada institución, cada religión y cada persona debe plantearse esta pregunta: ¿Qué hago yo para preservar la matria común y garantizar que tenga futuro dado que viene siendo construida desde hace 4.300 millones de años y merece seguir existiendo?

Porque somos Tierra no habrá para nosotros cielo sin Tierra.


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