Sep 19 2008

La opinión de Iñaki Gabilondo

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Lo destacaba el martes pasado y parece que no fue más que la primera de la serie:

La Opinión de Gabilondo: 15 de septiembre

El capitalismo salvaje, el de los beneficios locos, el gran superpoder triunfante, ha explotado.

“El gran globo financiero se ha pinchado. El capitalismo salvaje, el de los beneficios locos, el gran superpoder triunfante, ha explotado. Un poder autónomo, sin control democrático alguno, que amasó inmensas fortunas, que especuló sin freno y con riesgos insensatos y ahora pide socorro al dinero público para salvarse. Su ambición, su bulimia irrefrenable está destrozando nuestros ahorros, disparando nuestras hipotecas y pulverizando nuestros puestos de trabajo. Pero ninguna representación de esas grandes corporaciones, ni de las instituciones que los agrupan, se cree en la obligación de dar explicaciones públicas. Se sienten técnicamente en apuros, pero no perciben el más mínimo reproche social, y no lo perciben porque, sencillamente, no existe ningún reproche. Ni siquiera son frecuentes los comentarios periodísticos críticos, exigentes. Todo se detiene en el plano político nacional, cada país dispone, como chivos expiatorios, de sus gobiernos. Ahí, en los pecados de nuestros gobernantes, se acaba todo. Denunciamos sus errores de previsión y ni se nos ocurre juzgar los colosales errores de cálculo de los gigantes mundiales de las finanzas. Cada día es más claro, y más desalentador, que la democracia es solo la apariencia del poder, con poquísimos márgenes de maniobra, un rompeolas en el que revientan las iras ciudadanas y la soberanía popular, el juguete que se regala a los niños para que se entretengan. Muy por encima, impune e inmune, se mueve el verdadero poder, irresponsablemente. ¿Aprenderemos algo?, no es probable.”

La Opinión de Gabilondo: 16 de septiembre

Sabemos que la crisis económica es grave y que más grave aún es el pánico a la crisis, y que debemos mantener la calma y confiar. Pero, ¿en quién confiar?

“Seguimos en pleno desconcierto, cercados por rumores de todo tipo. Sabemos que la crisis económica es grave y que más grave aún es el pánico a la crisis, y que debemos mantener la calma y confiar. Pero, ¿en quién confiar? Los presuntos expertos han resultado no saber nada y el gran mundo de las finanzas se ha revelado como una gigantesca sombra, de visibilidad nula. Las compañías financieras con más prestigio jugaban a la ruleta rusa con el dinero del mundo y estaban dirigidas por pilotos suicidas. La ceguera de los Alan Greenspan y de los demás vigilantes de la playa ha resultado total. ¿En quién confiamos?, ¿en los bancos que aún flotan y que no se fían los unos de los otros?, ¿en nuestros gobernantes, desbordados y desconcertados?, ¿en el banco de España, que no ha dicho ni pío? Hemos repasado los comentarios de los principales analistas de todo el mundo y hemos extraído estas tres ideas: la optimista, del Premio Nobel Joseph Stiglitz: el crash se controlará, que se haya dejado caer a Lehman Brothers es una lección que nadie olvidará, ahora ya se sabe que los pecados se pagan y que el Estado no siempre viene al rescate; la pesimista, Michel Lepinay, en Paris Normandie: no hay nada que hacer, nadie controlará nada, los operadores tardarán un poco en recuperarse y volverán a las andadas, en el camino quedarán millones de víctimas; finalmente, la reflexión del gran gurú Jacques Attali: “en cada mutación mayor de la historia, una región del mundo toma el poder y reemplaza a otra. No ocurrirá mañana, pero China e India emergen de forma irresistible y los Estados Unidos han demostrado no saber leer sus problemas.”

La Opinión de Gabilondo: 17 de septiembre

Las actuaciones públicas de rescate se suceden; pero los mercados son un manicomio y la desconfianza se ha instalado en el sistema.

“El nerviosismo financiero no se detiene. Las actuaciones públicas de rescate se suceden pero los mercados son un manicomio, la desconfianza se ha instalado en el sistema. En estas circunstancias es ridículo seguir creyendo que estamos ante una mala racha, que acabará y que regresaremos -con más o menos moratones- a la situación anterior. Tal cosa es imposible, para empezar, porque cuando se sale de un túnel nunca se está en el lugar en el que se entró sino en otro distinto y, para continuar, porque el modelo económico vigente ha fracasado. Sí, ha fracasado, ¿cabe fracaso mayor del liberalismo que estas nacionalizaciones de los gigantes financieros, en los mismísimos Estados Unidos? Se está desplomando como se desplomó el comunismo en 1989. Bearn Sterns, Fannie Mae, Freddie Mac, AIG, son como pedruscos derribados del Muro de Berlín liberal. Hoy, aquí, en España, el presidente de la CEOE ha dicho -agárrense- que debería “hacerse un paréntesis en la economía de libre mercado”. Sí, han oído bien. En fin, estamos ante un fin de trayecto, no dimos la importancia debida a los síntomas que anunciaban la locura, el pinchazo de la burbuja tecnológica en el año 2000, el caso Enron. Especulación, humo, voracidad… el pensamiento dominante, crecer y crecer hasta el infinito, no está en las leyes de la realidad, ni en las de la física, pero es el primer dogma de nuestra economía. Pues bien, se acabó, así que no importa tanto cuándo saldremos del túnel, sino donde estaremos y hacia dónde nos tendremos que dirigir. Esta crisis es mucho más que económica y no se podrá encerrar entre paréntesis para volver atrás.”

La Opinión de Gabilondo: 18 de septiembre

Las cabezas más lucidas del periodismo mundial siguen estupefactas ante la magnitud de la catástrofe y ante las nacionalizaciones que han resultado la única solución.

“Las imágenes que esta tarde ha difundido la pagina web del diario El País, correspondientes al momento exacto del accidente del avión de Spanair, son el hecho informativo más sobresaliente del día, y a él nos dirigiremos en un instante. Antes, una nota sobre la crisis financiera, que hoy parece tomarse un pequeño respiro pero que nadie da por acabada, ni mucho menos. Las cabezas más lucidas del periodismo mundial siguen estupefactas ante la magnitud de la catástrofe y ante las nacionalizaciones que han resultado la única solución, pero ya hoy observamos un pequeño giro. Empiezan a pedirse explicaciones, y con mucha dureza. No sirve el reproche genérico de “voracidad, avaricia, malas prácticas, excesos” y aparecen acusaciones con nombres y cifras. Y en periódicos nada amarillos (Le monde, New York Times, The guardian…). Ejemplo, Stanley O’neill, presidente de Merrill Lynch desde 2003 y que fue despedido en octubre pasado con la módica gratificación de 160 millones de dólares (unos 18.000 millones de pesetas). O Martin Sullivan, director general de AIG, empresa que ha tenido que ser nacionalizada, y que se retiró hace tres meses con un cheque de 68 millones. O lo más sangrante, el año pasado, 2007, a pesar de la crisis de las subprimes, los bonus obsequiados por cinco primeros bancos de los Estados Unidos a sus ejecutivos alcanzó la monumental cifra de 66.000 millones de dólares. Así que nuevos controles, sí, reflexiones sobre sistemas y modelos, sí, pero se piden investigaciones a fondo, y explicaciones a personas y a instituciones. ¿Qué ha estado haciendo el fondo monetario internacional?”

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