Ene 31 2008

Fabra, el cacique del PP en Castellón

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Lucas Marco [Diagonal]

El protagonista del lento y complejo ‘Caso Fabra’ ha sido agraciado –y ya van tres veces– con un premio de dos millones de euros en el sorteo del Niño de la lotería. El hecho recuerda sospechosamente a las 50 veces que, en 15 años, la suerte sonrió a la familia de Juan Antonio Roca, el cerebro de la trama urbanística de corrupción en Marbella. La compra de billetes premiados de lotería es todo un clásico del blanqueo de dinero negro. DIAGONAL repasa la trayectoria del cacique cuya estirpe familiar lleva un siglo anclada en el poder en Castellón.

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Ene 26 2008

¿A dónde estamos huyendo?

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Leonardo Boff

Una de las principales características del momento actual es la aceleración del tiempo. El espacio terrestre prácticamente lo hemos conquistado todo, pero el tiempo continúa siendo el gran desafío. ¿Podremos dominarlo?

La carrera contra él se da en todas las esferas, comenzando por el deporte. En cada olimpiada se busca superar todos los tiempos anteriores, especialmente en la clásica carrera de los cien metros. Los automóviles deben ser cada vez más veloces, los aviones y las naves espaciales tienen que superar la velocidad de la generación anterior. En el agronegocio se utilizan abonos químicos de crecimiento para acortar el tiempo y aumentar el lucro. Internet funciona a altísima velocidad, y sin cables, pues, para ganar tiempo, todo se hace vía satélite. La aceleración ha alcanzado especialmente a las bolsas. Cuanto más rápidamente se transfieren capitales de un mercado a otro, teniendo en cuenta el huso horario, más se puede ganar. Más que nunca antes, «el tiempo es oro».

Ciertamente, en todo este proceso hay un elemento liberador, pues el tiempo fue en gran parte vivenciado como una servidumbre. No podemos detenerlo. Por otro lado produce un impacto sobre la naturaleza, que tiene sus tempos y sus ciclos. El impacto no es menor sobre las mentes de las personas, que se sienten confundidas, particularmente las de más edad, que pierden los parámetros de orientación y de análisis de lo que está ocurriendo en el mundo y consigo mismas.

¿Vale la pena esta carrera imparable? ¿Hacia dónde estamos huyendo?

¡Y ay de aquellos que no se adaptan a los tiempos! En el trabajo, son expulsados del mercado, pues sus habilidades quedan obsoletas. Los que no se actualizan, pierden el ritmo del tiempo, y son considerados precozmente envejecidos, o simplemente atrasados. Lo cual puede ocurrir incluso con países enteros, los que no incorporan los avances de la tecnociencia. Todos están obligados a modernizarse rápidamente y a ser países emergentes.

¿A donde nos llevará esta carrera contra el tiempo? Éste siempre nos gana, pues no podemos congelarlo. Simplemente, pasa despacio, o acelerado, como en los grandes túneles de aceleración de partículas.

Pero es importante considerar que hay tiempos y tempos. El tiempo natural de crecimiento de un árbol gigante puede demorar 50 años. El tiempo tecnológico para derribarlo con la motosierra dura sólo 5 minutos. ¿Cuánto tiempo necesitamos para crecer en madurez, en sabiduría, y para conquistar el propio corazón? A veces una vida entera de 80 años es demasiado corta… El tiempo interior no obedece al tiempo del reloj. Necesitamos tiempo para trabajar nuestros conflictos interiores; a veces, esos conflictos nos obligan incluso a detenernos.

Una reflexión del maestro zen Chuang-Tzu, de hace 2.500 años, nos parece muy inspiradora. Cuenta que había una persona que quedaba tan perturbada al contemplar su sombra y tan malhumorada con sus propias huellas, que pensó que era mejor librarse de ambas cosas. Utilizó el método de la fuga, tanto de una como de las otras. Se levantó y se puso a correr, pero siempre que ponía su pie en la tierra aparecía la huella, y la sombra lo seguía sin la menor dificultad.

Atribuyó su error a que no estaba corriendo como debía. Entonces se puso a correr más velozmente, y sin parar… hasta que cayó muerto. Su error, comenta el Maestro, fue no haberse dado cuenta de que sólo con pisar en un lugar sombrío, su sombra hubiera desaparecido, y que si se hubiera quedado quieto, ya no habría habido más huellas que le siguieran…

¿No es eso lo que se impone hacer hoy? ¿Hacer una parada? Ahí está el secreto de la felicidad y de la ansiada paz interior.


Ene 22 2008

¿Quién cabe en el mundo?

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CARLOS FERNÁNDEZ LIRIA

Si nuestros sistemas políticos fueran lo que dicen ser, en todos los parlamentos se estaría discutiendo ahora una gráfica elaborada por Mathis Wackernagel, investigador del Global Footprint Network (California). Pero no parece que el asunto haya llamado demasiado la atención. Y sin embargo, la gráfica resulta demoledora para las más firmes certezas de nuestra clase política y, por supuesto, para los criterios más evidentes de los votantes. Sobre todo, en un mundo político en el que izquierda y derecha se llenan la boca con los objetivos del “desarrollo sostenible”.

La cosa es bien sencilla. El eje vertical representa el Índice de Desarrollo Humano (IDH), elaborado por Naciones Unidas para medir las condiciones de vida de los ciudadanos tomando como indicadores la esperanza de vida al nacer, el nivel educativo y el PIB per cápita. El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) considera el IDH “alto” cuando es igual o superior a 0’8, estableciendo que, en caso contrario, los países no están “suficientemente desarrollados”. En el eje horizontal se mide la cantidad de planetas Tierra que sería preciso utilizar en el caso de que se generalizara a todo el mundo el nivel de consumo de un país dado. Wackernagel y su equipo hicieron los cálculos para 93 países entre 1975 y 2003. Los resultados son estremecedores y sorprendentes. Si, por ejemplo, se llegara a generalizar el estilo de vida de Burundi, nos sobraría aún más de la mitad del planeta. Pero Burundi está muy por debajo del nivel satisfactorio de desarrollo (0’3 de IDH). En cambio, Reino Unido, por ejemplo, tiene un excelente IDH. El problema es que, para conseguirlo, necesita consumir tantos recursos que, si su estilo de vida se generalizase, nos harían falta tres planetas Tierra. EEUU tiene también buena nota en desarrollo humano; pero su “huella ecológica” es tal que harían falta más de cinco planetas para generalizar su estilo de vida.

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Ene 19 2008

Evitar el cambio climático exige el cambio político

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Koldo Campos

Nadie en sus cabales aceptaría que a los padres de un niño con evidentes señales de maltratos, abusos sexuales, desnutrido y enfermo, se les confirmara su pretendido derecho a la custodia. Ni siquiera en el caso de que se confesaran arrepentidos de los hechos podría alguien que no fuese un canalla, permitir que ese niño siguiera expuesto a los mismos dolores y en manos de los mismos delincuentes, por más progenitores que se digan.

Al margen de las responsabilidades penales que la justicia determinase en el caso, esos padres son los menos indicados para criar y educar a un niño, y cualquier ciudadano sensato, cualquiera con sentido común, estaría de acuerdo en la necesidad de evitarlo, de proteger a ese niño de sus padres.

Pero esa general repulsa que no acepta discrepancias en relación a un menor maltratado y violado por sus propios padres, no se expresa, sin embargo, con la misma lógica y contundencia, respecto a otros maltratos y atropellos.

En relación al cambio climático, por ejemplo, no hay cabales que valgan, ni justicia que intervenga, ni sensatez que hable o común que imponga su sentido.

Los mismos responsables de haber conducido al planeta al calamitoso estado en que se encuentra, de haberlo exprimido hasta la extenuación, de haber generado los cambios climáticos que hoy se lamentan y que, asegura la comunidad científica, apenas son los primeros síntomas del desastre que se avecina, se arrogan el deber y el derecho de reconducir los pasos de ese maltratado, hambriento y enfermo niño.

Y aún van más lejos. Además, nos trazan las pautas de urbana conducta que debemos seguir los ciudadanos para contribuir a evitar el desastre, reciclando basura, economizando agua, ahorrando energía…mientras ellos multiplican los beneficios que les depara la ruina general y sus medios de comunicación hacen apología del más grosero despilfarro, del más absurdo consumo.

La pasada Navidad fue un hermoso escaparate en todo el mundo de hasta qué punto es creíble la buena voluntad de estados y gobiernos en relación al tema del ahorro energético. Vía satélite pudimos ver sobre el planeta los fantásticos destellos luminosos de la navidad en el mundo… en el mundo que no precisa velas. Pero nadie desconfía de la buena voluntad de sus Estados, de las iniciativas de sus gobiernos, de la bondad del modelo de desarrollo impuesto. El menor debe seguir a cargo de sus padres. Ocasionalmente, hasta se le puede entregar a alguno el premio Nóbel.

Los mismos intereses que han convertido la vida en un mercado, que han secuestrado todos los conceptos, que han precintado sueños y prostituido conciencias, que han desatado hambrunas y matanzas que son, al mismo tiempo, oráculos de Dios y del Estado, fariseos que viven de la bolsa, torturadores con licencia, honrados genocidas, se otorgan el deber y el derecho de seguir guiando los pasos de ese maltratado, abusado y hambriento niño.

Y también nos trazan las normas de pensamiento y convivencia que deberá observar la ciudadanía para superar la amenaza terrorista, la amenaza del paro, la amenaza de la droga, la amenaza de la indigencia, la amenaza de la violencia, la amenaza de nuevas amenazas.

Ellos están, precisamente, para preservarnos de todas las demás amenazas.

En eso andaba en estos días George Bush por Oriente Medio, repartiendo dinero, armas y amenazas. En eso sigue el gobierno israelí en los territorios ocupados, repartiendo muertos, muros y amenazas.

Los grandes medios de comunicación se encargan de transmitirnos el relato. La gente, agradecida, asiente y reconoce la importancia del disparo preventivo, la eficacia de la bomba de rutina, lo oportuno de la guerra humanitaria, lo aconsejable que es la paz castrense, y celebra y aplaude la terapia puesta en práctica con ese niño maltratado, enfermo y hambriento.

Nadie pone en duda la exaltación de la mentira o la difamación de la verdad.

Evitar el cambio climático exige el cambio político.

¿O dejamos al niño con sus padres?


Ene 17 2008

Pancistas - Cuando el Estado pasa a ser coto de la jerarquía de los partidos políticos

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Ricardo Rodríguez

“…no es el problema mayor, con ser grave, de la proliferación de cargos de confianza el elevado coste para las arcas públicas del sostenimiento de tan ingente muchedumbre de vagos. Ni siquiera lo es que su incompetencia les lleve a cometer un sinfín de desmanes en su gestión que luego haya que resolver, si es que se puede. Lo peor de todo es la destrucción de la democracia. En cualquier sociedad moderna, el papel que desempeña la Administración pública es crucial y determina la existencia cotidiana de todos y cada uno de los ciudadanos; es esencial la objetividad en su actuación, la imparcialidad y desde luego la profesionalidad de los trabajadores y trabajadoras que la integran. Una de las garantías más importantes de que no se han de cometer abusos de poder reside en que los empleados públicos cumplan en su labor con las leyes aprobadas en el Parlamento y no dependan de la arbitrariedad del político de turno. Y ello solamente puede lograrse si tales empleados públicos han llegado a serlo por haber superado un proceso selectivo que haya evaluado objetivamente sus conocimientos y su capacidad. Si los cargos de confianza, cuyo salario depende del político que los designa, suplen en su función a trabajadores independientes e imparciales, la estructura interna del Estado, que la conforma mayoritariamente la Administración pública, se pudre al ser penetrada por el mero caciquismo. Y entonces el Estado pasa a ser coto de la jerarquía de los partidos políticos, que con frecuencia son a su vez coto de los grupos empresariales y financieros que les pagan, y el conjunto de la democracia se convierte en una farsa…”

[articulo completo aquí]


Ene 16 2008

Principio Tierra

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Leonardo Boff

Nunca se había hablado tanto de la Tierra como en los últimos tiempos. Hasta parecería que la Tierra acabara de ser descubierta. Los seres humanos han hecho un sinnúmero de descubrimientos, pueblos indígenas escondidos en las selvas remotas, seres nuevos de la naturaleza, tierras distantes y continentes enteros. Pero la Tierra nunca fue objeto de descubrimiento. Fue necesario que saliésemos de ella y la viésemos desde fuera para descubrirla como Tierra y Casa Común.

Eso ocurrió a partir de los años 60 con los viajes espaciales. Los astronautas nos revelaron imágenes antes nunca vistas. Usaron expresiones c_onMovedoras como «la Tierra parece un árbol de navidad colgado en el fondo azul del universo», «es bellísima, resplandeciente, azul y blanca», «cabe en la palma de mi mano y puedo taparla con mi pulgar». Otros tuvieron sentimientos de veneración y de gratitud y rezaron. Todos regresaron con un renovado amor por la buena y vieja Tierra, nuestra Madre.
Esta imagen del globo terrestre visto desde el espacio exterior, divulgada diariamente por las televisiones del mundo entero, suscita en nosotros un sentimiento de sacralidad y está creando un nuevo estado de conciencia. En la perspectiva de los astronautas, desde del cosmos, Tierra y Humanidad forman una única entidad. Nosotros no vivimos solamente sobre la Tierra. Somos la propia Tierra que siente, piensa, ama, sueña, venera y cuida.

Pero en los últimos tiempos se han anunciado graves amenazas que pesan sobre la totalidad de nuestra Tierra. Los datos publicados el 2 de febrero que culminaron el día 17 de noviembre de 2007, por el organismo de la ONU, el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, junto con los impasses recientes de Bali nos indican que ya entramos en la fase del calentamiento global con cambios abruptos e irreversibles. El calentamiento puede variar de 1,4 a 6 grados centígrados dependiendo de las regiones terrestres. Los cambios climáticos son de origen antrópico, es decir, su principal causante es el ser humano que ha dado vida a un proceso industrial salvaje.

Si no se hace nada, iremos al encuentro de lo peor y millones de seres humanos podrán dejar de existir sobre el planeta.

Como hemos destruido irresponsablemente, ahora debemos regenerar urgentemente. La salvación de la Tierra no caerá del cielo. Será fruto de la nueva corresponsabilidad y del renovado cuidado de toda la familia humana.

Dada esta situación nueva, la Tierra se ha vuelto, de hecho, el oscuro y gran objeto del cuidado y del amor humano. No es el centro físico del universo como pensaban los antiguos, pero se ha vuelto en los últimos tiempos el centro afectivo de la humanidad. Sólo tenemos este planeta para nosotros. Desde aquí contemplamos todo el universo. Aquí trabajamos, amamos, lloramos, esperamos, soñamos y veneramos. A partir de la Tierra hacemos la gran travesía rumbo al más allá.

Lentamente estamos descubriendo que el valor supremo es asegurar la pervivencia del planeta Tierra y garantizar las condiciones ecológicas y espirituales para que la especie humana se realice y toda la comunidad de vida se perpetúe.

En razón de esta nueva conciencia hablamos del principio-Tierra. Es el fundamento de una nueva radicalidad. Cada saber, cada institución, cada religión y cada persona debe plantearse esta pregunta: ¿Qué hago yo para preservar la matria común y garantizar que tenga futuro dado que viene siendo construida desde hace 4.300 millones de años y merece seguir existiendo?

Porque somos Tierra no habrá para nosotros cielo sin Tierra.


Ene 09 2008

¿Chuck Norris? No: Carlos Fabra

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[visto en escolar.net]

Estos sí son superpoderes:

1- Carlos Fabra pertenece a una familia con larga tradición política. Es presidente de la Diputación de Castellón, como lo fue su padre, su abuelo, su bisabuelo y su tío-tatarabuelo. Ni siquiera los Borbones pueden presumir de haber mantenido el puesto sin interrupción durante cinco generaciones consecutivas.

2- Fabra está imputado por un presunto tráfico de influencias y delito fiscal. A pesar de ello, el PP lo volvió a presentar a las últimas elecciones municipales. Salió relegido.

3- La Justicia le persigue, pero él es más rápido. Su caso, que lleva abierto en el juzgado de Nules desde hace cuatro años, ya ha conocido cuatro fiscales y ocho jueces distintos. Los siete jueces anteriores pidieron el traslado.

4- Carlos Fabra gastó en 2004 el doble en pagar préstamos de lo que se supone ingresó. Según su declaración de la renta, entre su mujer y él ganaron ese año 185.229. Les cunde tanto el dinero que, con todo, pudieron amortizar dos créditos por valor de 355.000 euros y les llegó para poder comer.

5- Carlos Fabra tiene 94 cuentas bancarias conocidas. En 1999, ingresó en ellas 600.000 euros de procedencia desconocida. No ha sabido explicar de dónde salió tanta calderilla.

6- Fabra es un trabajador incansable. Entre los años 2000 y 2004, compaginó la presidencia del PP y de la Diputación de Castellón con la consultoría. Pese a poder dedicar a sus negocios privados sólo parte de su tiempo libre, las empresas le pagaron 814.000 euros por sus valiosos consejos

7- Tanto esfuerzo al final se nota. En 1999, su patrimonio declarado estaba valorado en 150.000 euros. Cinco años después, se había cuadruplicado hasta los 646.440 euros.

8- Durante estos cinco años, la declaración de la renta le salió siempre a devolver.

9- La suerte le sonríe. En el último sorteo del Niño se llevó el gordo. Siete décimos: dos millones de euros.

10- Es la tercera vez que le toca la lotería.


Nov 28 2007

En manos de imbéciles peligrosos

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Iñigo Sáenz de Ugarte

Algunas historias del frente de batalla en la “guerra contra el terrorismo”, más conocida como la era de la paranoia. Un camión de bomberos canadiense que acudía a colaborar en la extinción de un fuego en el estado norteamericano de Nueva York fue detenido en la frontera durante siete minutos hasta que los policías comprobaron la matrícula del vehículo.

Un hombre que estaba sufriendo un coma diabético en un autobús en la localidad británica de Leeds recibió dos disparos de una pistola eléctrica ante el temor de la Policía de que supusiera un riesgo para la seguridad de los viajeros.

La zona de equipajes del aeropuerto norteamericano de Portland quedó sellada durante seis horas al aparecer una sustancia blanquecina: resultó ser una mezcla de harina y azúcar.

Un guardia de seguridad expulsó a un hombre de un pub en Cairns, Australia, porque estaba leyendo la novela “El terrorista desconocido”. Algunos clientes se habían puesto nerviosos.

Cuando explicaron lo que había ocurrido al autor de la novela, Richard Flanagan respondió: “¿A qué nivel de estupidez hemos llegado en esta sociedad cuando te expulsan de un bar por la portada de un libro?

Son casos reales ocurridos en las últimas semanas y seleccionados por el blog Schneier on Security. No es necesario llevar una camiseta con la leyenda “Bush es un terrorista” para que te saquen de un avión (ha sucedido en EEUU) o hablar en árabe para que te ocurra lo mismo (ha sucedido en EEUU y también en España). La paranoia exacerbada de las autoridades, unida a los efectos del miedo inoculado en la gente corriente, han terminado por crear el cóctel perfecto: todos somos sospechosos y la Policía tiene todo el derecho del mundo a obrar en consecuencia. Y si te resistes, eso confirma que la Policía tiene razones de peso para actuar.

Esta semana, hemos sabido que el Ministerio británico de Hacienda ha perdido los datos personales y bancarios de 25 millones de contribuyentes. Estaban incluidos en dos discos que un organismo oficial envió a otro departamento a través de los servicios regulares de una empresa de correo. Ni siquiera iban en correo certificado. Los metieron en un sobre y anotaron la dirección. Tres semanas después, descubrieron que habían desaparecido. El Gobierno tardó otros diez días en hacer pública la noticia. Si los datos habían caído en manos de delincuentes, era necesario darles tiempo para que pudieran rentabilizar el hallazgo.

Todas las medidas puestas en práctica por los Gobiernos de EEUU y Europa desde el 2001 incluían el mismo mantra: lo hacen por nuestra seguridad. En países como España, todo esto no ha provocado una alarma especial. A fin de cuentas, aquí vamos a todos los sitios con el DNI en la boca. Hasta para pagar la gasolina hay que mostrarlo.

Dentro de no mucho tiempo, nos harán un escaneo rápido del iris del ojo para que podamos demostrar que somos quienes decimos que somos. Y al final todos esos datos personales acabarán en un sobre que se perderá en algún lugar recóndito de la geografía de la burocracia.

Es una constante de la historia de la humanidad desde que los hombres empezaron a agruparse en ciudades. El miedo es el mejor factor cohesionador para que los ciudadanos terminen haciendo lo que las autoridades quieren que hagan. El rostro del enemigo va cambiando, la necesidad que siente el Estado por controlarnos, no.

Sin embargo, cuando llega el momento de la verdad, cuando alguien especialmente peligroso quiere hacernos daño, aparece ese burócrata que tiene ganas de volver pronto a casa o ese policía que aplica el manual con la misma espontaneidad de un robot.

Y se desata la tragedia. Los del 11-S pudieron aprender a pilotar un avión de pasajeros. Cuando les dijeron que tenían que saber cómo aterrizar el avión, respondieron que no estaban especialmente interesados en la maniobra. Y no pasó nada. O en Asturias un delincuente con un historial de esquizofrenia paranoide consiguió vender 100 kilos de dinamita sin que la Guardia Civil se enterara de nada.

Los zapatos se han convertido en un objeto sospechoso en los vuelos. Los líquidos, en un arma potencialmente letal. Los estrategas de la lucha antiterrorista piensan siempre en conjurar el último atentado producido, no el que está por venir.

Como dice Schneier, el objetivo del terrorismo no es matar gente, sino crear terror. Lo primero es el medio. Lo segundo, su auténtico fin. Los objetivos de sus acciones no son los que mueren, sino los aterrorizados por esas muertes.

Su única victoria se la podemos conceder nosotros. Si nuestra vida no se parece mucho a lo que era antes de los atentados, ellos han vencido. Si consiguen paralizar estaciones, puertos y aeropuertos, ellos han vencido. Si desconfiamos de los que tienen un color distinto, hablan otro idioma o rezan a otro Dios, ellos han vencido.

¿Llegarán a entenderlo algún día los imbéciles?


Nov 27 2007

Cómo hacer ciudadanos estúpidos

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Pascual Serrano

Vale la pena hacer un repaso al informativo de la cadena de televisión española Antena 3 el domingo 25 de noviembre. En Nacional, con motivo de la represión de una manifestación antifascista en Madrid, afirman que “la marcha tuvo que ser disuelta en varias ocasiones por la policía”. Obsérvese el “tuvo que ser” como necesidad, no como decisión política y policial. A continuación, califican de “radicales” y “antisistema” a los que se manifestaban frente a una librería donde se celebraba un acto con un líder del Ku-Klux-Klan en Barcelona. Movilizarse contra el KKK ahora es ser radical y antisistema, como hace siglo y medio en Estados Unidos.

En Internacional llega la noticia de la aprobación de la Constitución en Bolivia, donde hubo enfrentamientos entre fuerzas policiales y manifestantes armados. Por supuesto, allí la policía “no tuvo que disolver” por obligación, como en Madrid, sino por vocación represora. A diferencia de los enfrentamientos en España, en Bolivia se recogen testimonios de cuatro de los manifestantes contra el gobierno y la opinión de un político opositor. Ningún comentario de nadie del entorno gubernamental ni de los diputados del partido gobernante; tampoco se emitieron declaraciones del presidente Evo Morales, a pesar de que las hizo tras los disturbios. El presentador dice que los opositores acusan al presidente Evo Morales de querer perpetuarse en el poder mediante la nueva Constitución aprobada en la Asamblea, pero no ofrecen ninguna información sobre el contenido de esa ley.

A continuación, nos toca la noticia de Venezuela. Se recoge el testimonio de tres opositores que afirman que no quieren vivir en la dictadura de Chávez y, por supuesto, no se ofrece ninguna información sobre el contenido de la reforma constitucional.

Cuando termina el noticiero, el pobre ciudadano pensará que no existe nadie en Bolivia ni en Venezuela que apoye a sus presidentes, aunque éstos ganan en las elecciones con mayoría absoluta; no tendrá la menor idea de qué dicen las constituciones de esos países, cuyos presidentes tienen el atrevimiento y el despotismo de someter a referéndum; que los antifascistas españoles son mudos porque no hablan ante las cámaras y que si quienes se manifiestan contra el Ku-Klux-Klan son radicales y antisistema, es que los tipos de la caperucha son los moderados que están a favor del actual sistema.

Y así, así, hacemos ciudadanos estúpidos.


Nov 23 2007

en coche, en bus o en bicicleta?

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creo que queda todo dicho…
(La foto viene de la oficina de planificación urbana de Muenster, Alemania.)


Nov 23 2007

¿Democracia? no, gracias

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Carlos Tena

Tengo muchos conocidos, incluso algún sobrinos, primos o colegas (¿debería escribir colegos?), que están convencidos de que España está dotada de un sistema democrático estupendo, homologable a los existentes en Francia, Alemania, Gran Bretaña o (esto es lo más alucinante) los ¡EEUU de Norteamérica¡, pero además, presidido por un monarca que demuestra su sentido popular y sufragista todos los días, cuya sencillez extrema se demostró casando a su vástago Felipe (eso sí, católico, apostólico y romano), con una divorciada que trabajaba en la TVE.

La boda luego (según me cuentan ellos) no resultó tan humilde o sencilla, pero se trataba de emular las conquistas “emocionales” que Gran Bretaña logró con el enlace entre el Príncipe Carlos y la infortunada Diana de Gales, por lo que papá Juan Carlos y mamá Sofía decidieron tirar un diez por ciento de la casa por la ventana (un dinero que le entrega el pueblo español cada año), parando el país merced a la astuta transmisión del vodevil, y en fin, dejando claro que Eva Sanum era un zorrón noruego y que el meloso Felipe supo enderezar su vida eligiendo a la locutora, aunque no fuera ni virgen ni mártir.

Hoy, la princesa consorte, feliz mamá, frunce el ceño (pero en privado) cuando sabe que ninguna de sus nenas jamás podrá llegar a lucir el titulo de Reina de España, si alguien (y no va a ser el Parlamento) no toma antes las medidas oportunas para mandar al carajo los restos de Ley Sálica que aún se tienen que tragar hasta las feministas del PSOE e IU. Defensa de los derechos de la mujer, pero nunca en la familia real. Derechos de la mujer siempre, pero nunca en la familia vaticana. Ya se sabe que la hembra es portadora del pecado mortal, la lujuria, en el que siempre caen los fans del Papa y sus eminentísimas, los cardenales.

¿Democracia en España? Una sonrisa que se trueca en mueca mefistofélica cuando resulta que, curiosamente, ninguno de los que discuten conmigo, a veces incluso de forma acalorada, hicieron absolutamente nada, durante la dictadura franquista, por defender las libertades mínimas que exige un sistema en el que el pueblo sea dueño de su destino. Mas, hoy en día, defienden su europeismo militante, que se quiebra algunas veces cuando, en los bares y pubs donde pasan más horas que en el trabajo, se dedican a insultar a los franceses por haber protegido a los etarras y además pecar de chauvinistas, a los ingleses porque se niegan a devolver Gibraltar (¿es que hay miedo a que el pueblo gibraltareño sea el que decida democráticamente su futuro?), a los italianos porque aseguran que “nos quitan el aceite de oliva”, a los alemanes porque sólo saben trabajar, a los suecos porque sus cónyuges son promiscuos, y así seguiríamos ad libitum.

Aún más, esos colegas, conocidos, cuñados, primos, etc., cuando terminan el recorrido europeo, situándose en ese limbo que se llama “ser español es un título”, la emprenden también con los catalanes porque quieren ser nación, con los vascos por lo mismo y lo que todos imaginamos, para acabar diciendo que “como en este país no se vive en ningún sitio”. En verdad que no. No queda nadie a salvo, excepto el Real Madrid, esa multinazional en la que nadie defiende los colores de un club, sino el contrato que vincula a un jugador, a la que le importa tres pitos el “madrileñismo”, que por otro lado también deberían representar el Atlético de Sabina, el Rayo de Ramoncín (al que le gusta decir que conoce Vallecas, pero ignora por dónde está la boca de Metro más próxima al estadio) o el Getafe de mi amigo Ricardo. Nunca comprenderán que se puede haber nacido en la hoy capital del reino y ser forofo del Carboneras, que ni tiene dinero ni un equipo genial, pero tienen ganas, humildad y dignidad. O del Athléti de Bilbao, en el que no se aceptan jugadores foráneos (no por racismo, ojo), sino precisamente para defender unos colores, una cultura y un espíritu deportivo tiznados en el mundo con el color del dinero, del maldito papel impuesto por encima de la dignidad en la competición. ¿Espíritu deportivo en el Real Madrid, el Barça, el Milan, el Liverpool, el Dinamo? Ese aroma ya no impregna los estadios de los clubs mentados, sino el grito, el insulto y el desprecio, incluso a los jugadores de otras etnias, aunque lleven la camiseta del equipo local.

Me canso de decir a mis colegas, cuñados, conocidos, primos y demás familia, que el vocablo democracia hoy les sirve lo mismo para designar el régimen de Marruecos, Kuwait, Honduras, El Salvador, Guatemala, Corea del Sur, Estados Unidos de Norteamérica, España, el Irak invadido, o Italia, que el de Rusia, Polonia, Albania, Rumania, Dinamarca, Suecia, Filipinas, Japón, o Andorra, muchos de cuyos gobiernos y regímenes políticos tienen comportamientos no sólo incompatibles con el término, sino que resultan nítidamente antidemocráticos.

Les importa tres pitos, porque están convencidos (hipnosis colectiva) de que se hallan en un país que respeta el juego de la voluntad popular: o sea, cuando depositan una papeleta cada cuatro años. Son así. Es como si creyeran que el campo es un lugar estupendo para la reflexión, y se van a comprobarlo al jardín del chalet del vecino, que tiene un adosado muy apañadito, de esos que hacen feliz a Rosa Montero. O como si confundieran la repoblación forestal con yacer alegremente debajo de un pino.

Me “jarto” de recordar a mis contertulios que esa democracia que defienden es la que permite que si “gana el que no conviene a EEUU”, hay que emprenderla a golpes de estado; es la que se llena de orgullo porque los homosexuales puedan casarse; pero es la misma que practica el racismo y el clasismo más violento, el más excluyente, insultando a jefes de estado que llevan jersey de colorines o no llevan corbata, ni son de raza blanca, o sea, como Hitler; es la que humilla a los emigrantes todos los días en todas las ciudades de la península; es la que se alegra de que un descerebrado fascista la emprende a golpes en el Metro contra una ecuatoriana de quince años; la que comprende que los franquistas salgan a la calle a gritar vivas al dictador, cuando deberían ser juzgados (utilizando esas leyes tan democráticas) por “apología del terrorismo”; es, en definitiva, una sociedad que les ha engullido en un limbo, insisto, en el que no ven jamás el bosque porque se lo ocultan los árboles.

¿Son acaso incapaces de pensar que el control de los medios de comunicación (todos en manos privadas, incluidos los públicos) impide a las grandes mayorías, salvo rarísimas excepciones, tomar conciencia de la caricatura que sirve de soporte a esos sistemas de poder, que excluyen en la práctica la participación del pueblo en las decisiones de las que depende su presente y su futuro?

¿No resulta curioso que un izquierdista nada radical, como José Saramago, opine que para que superemos la crisis actual de la civilización y evitemos el colapso, es urgente “colocar en el centro de la discusión el tema de la democracia, de la democracia auténtica, de refundar el concepto a partir de las necesidades reales en las que viven las personas”?

¿Tal vez se niegan a admitir que la democracia es, per se, un sistema popular, participativo, revolucionario, anticapitalista, y que el liberalismo salvaje que se impone gradualmente en la Europa de hoy, no deja de ser un sistema totalitario disfrazado, similar a los que rigen en El Salvador, EEUU, Colombia, Marruecos, El Vaticano, Honduras, Guatemala, Paraguay, Arabia Saudita, Kuwait, etc.?

Ninguna de las preguntas les anima a seguir en tertulia. Más bien barruntan frases ininteligibles, tosen y piden la cuenta (menos mal), como diciendo: Mira si soy demócrata que te invito, y eso que eres un extremista. Lo que yo digo. Pensar es muy malo. ¿Será por eso que la estatua de Rodin parece meditar sobre estas cuestiones?

Nota .- El responsable del artículo ha olvidado voluntariamente colocar los equivalentes femeninos de todas las palabra subrayadas, y menos aún a poner la @, porque tiene prisa, es muy tarde, y no tiene ganas de hacer la pelota a feministas de baja intensidad como Rosa Aguilar, María Teresa Fernández de la Vega, Trinidad Jiménez y Maruja Torres.


Nov 22 2007

Edicto real

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José Steinsleger

Yo, Juan Carlos I de Borbón, rey de España, de Castilla, de León, de las Dos Sicilias, de Jerusalén, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Menoria, de Jaén, de los Algarves, de Algeciras, de Gibraltar, de las Islas Canarias, de las Indias Orientales y Occidentales, y de las Islas y Tierra Firme del Mar Océano…

Yo, chozno de Fernando VII (1808/1813-33), injustamente apodado El felón por haber tramado el envenenamiento de sus padres para ceñir sobre su testa contrahecha la corona que en Bayona vendió por un duro al Gran Corso, mientras el pueblo se desangraba en su nombre…

Yo, archiduque de Austria, duque de Borgoña, Brabante, Milán, Atenas y Neopatria; conde de Habsburgo, Flandes, el Tirol, el Rosellón y Barcelona; señor de Vizcaya y Molina; rey de Hungría, Dalmacia y Croacia; duque de Limburgo, Lotaringia, Luxemburgo, Güeldres, Estiria, Carniola, Carintia y Würtemburg…

Yo, tataranieto de Isabel II (1833-68), quien junto con Inglaterra y Francia tomó el puerto de Veracruz en garantía del pago por deudas contraídas en las guerras civiles de México (1861), y que luego invadió las islas Chinchas de Perú (1863), y luego se anexionó República Dominicana (1861-65), y luego sometió a cruel bombardeo los puertos de El Callao (Perú) y Valparaíso (Chile, 1865-71).

Yo, Landgrave de Alsacia; príncipe de Suabia; conde de Artois, Borgoña Palatinado, Hainaut, Namur, Gorizia, Ferrete y Kyburgo; marqués de Oristán y Gociano; Margrave del Sacro Imperio Romano y Burgau; señor de Frisia, Salins, Malinas, la Marca Eslovena, Pordenone y Trípoli…

Yo, bisnieto de Alfonso XII, El pacificador (1875-85), hijo de la anterior y de su primo el príncipe Francisco de Asís y no, como se dice, del capitán Enrique Puig Moltó; invasor de Haití junto con Estados Unidos, Francia e Inglaterra (1871 y 1883), quien fue sorprendido en su buena fe en la Plaza de la Cebada cuando unas mozas que lo vitoreaban le espetaron ‘¡Mas gritábamos cuando echamos a la puta de tu madre!’…

Yo, capitán general de las Reales Fuerzas Armadas y su comandante supremo; soberano Gran Maestre de la Real y Distinguida Orden de Carlos III; de Isabel La Católica; de las Damas Nobles de María-Luisa; de Alfonso X El sabio; de Montesa, Alcántara, Calatrava y Santiago, así como otras órdenes menores o condecoraciones españolas…

Yo, nieto de Alfonso XIII (1886-1931), hijo póstumo del anterior, que en el día de su boda salvóse de la bomba lanzada a su carroza por el anarquista Mateo Moral (1906); “pacificador” de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Marruecos; pionero del cine pornográfico en el barrio chino de Barcelona; partidario del falangista Primo de Rivera y destronado en 1931 por la chusma de la llamada Segunda República…

Yo, caballero de la Orden de Javier, de la Anunciada, de la Jarretera y del Imperio Británico (desde 1988); Bailio Gran Cruz de Justicia con Collar de la Orden de Constantino y Jorge de Grecia, y Honor y Devoción de la Soberana Orden Militar de Malta; Gran Collar de la Reina de Saba, y la Dinastía Reza de Irán; Gran Cordón de la Orden Suprema del Crisantemo de Japón; Gran Cruz de la Legión de Honor y de la Orden Nacional de Mérito; Premio Félix Houphouet-Boigny Para la Búsqueda de la Paz de la UNESCO…

Yo, hijo de Juan de Borbón y Battenberg, legítimo y eterno candidato al trono, quien murió de tristeza por mi fidelidad al Caudillo y a los Principios del Movimiento Nacional…

Yo, a quien acusaron de traicionar a los golpistas del 23 de febrero de 1981…

Yo, partidario de la incorporación de España a la OTAN por mediación de Washington y mi fiel vasallo Felipe González (1986)…

Yo, beneficiario de un crédito de 100 millones de dólares del príncipe de Kuwait para que los aviones de Estados Unidos puedan aterrizar en nuestro suelo durante la guerra del Golfo (1991)…

Yo, socio de los implicados en el escándalo del banco Ibercorp (1992), que se quedaron con el dinero de centenares de ahorristas…

Yo, señalado junto a mi dilecto José María Aznar co responsable en los negociados de la petrolera francesa Elf (2003)…

Yo, quien tanto hizo por el Grupo Santander Hispano y Repsol a fin de apoderarnos de Yacimientos Petrolíferos Fiscales de Argentina…

Yo, amigo de Mario Conde, director del intervenido Banesto y ‘banquero de la monarquía’…

Yo, íntimo del príncipe Zourab Tchokotua, de Georgia, procesado en un tribunal mallorquí por presuntas estafas inmobiliarias…

Yo, incapaz de enfrentar a un novillo pero matador, en 2004, de una osa preñada perteneciente a una especie en extinción a la que mis amigos rumanos emborracharon con vodka y miel para dar en el blanco…

Yo, reunido en esta Capitanía General junto a mi fiel José luis Rodríguez Zapatero y tantos de mis vasallos que, sabiamente, retornan poco a poco al redil de la Madre Patria tras sus locas aventuras libertarias… Yo, el rey, os ordeno a que te calles en nombre de los principios, la moral, la tolerancia y la decencia de las gentes de razón.

Dado en Santiago de Chile en noviembre de 2007


Nov 21 2007

Miguel Bosé y Venezuela

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Koldo Campos Sagaseta

Declaraba en estos días ese canturreador de loquitas quinceañeras llamado Miguel Bosé que si sus “fans” desean verlo en Venezuela, que no voten por Chávez, cuyas “fórmulas no son muy democráticas”, ya que no piensa aparecer por ese país mientras siga siendo Chávez presidente, dado que “nunca ha habido menos posibilidades de expresión a nivel de medios públicos ni tanto periodista en arresto en las cárceles”.

(…) Que feliz suerte la de Venezuela y que infeliz desgracia la de Miguel Bosé que para poder seguir viviendo en su España cañí va a tener que devaluar un tanto sus finos escrúpulos de canturreador de quinceañeras, no vaya a ser que un mal día, inoportunamente, se indigne contra el cierre de periódicos y revistas vascas como Egin, Egunkaria o Ardi-beltza; se exaspere por el cierre en el País Vasco de emisoras de radio; se irrite por la condena de 12 años a un preso por un artículo de opinión; se encolerice por someter a la justicia a un presidente autonómico acusado de haber hablado con otro político con el que todos han hablado; se enoje por llevar a la cárcel a las legítimas autoridades de Udalbiltza; o muestre su ira por los miles de vascos a los que se niega su derecho a elegir y ser elegidos, porque si Miguel Bosé, por las razones expuestas, también va a negarse a cantar en su país, pocos escenarios van a quedarle a la altura de sus aprensiones para poder seguir canturreando a loquitas quinceañeras que, a diferencia de Miguel Bosé, siguen cumpliendo años.

[artículo completo aquí]


Nov 21 2007

España una: vigilantes de la democracia ajena y comerciantes de la propia

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Concha Mateos Martín

Esto es un artículo de opinión. Como todo lo que usted lee y escucha en los medios de comunicación. Sólo que aquí no lo disimulo. No le propongo que hagamos, usted y yo, como si no nos diéramos cuenta. Como si no nos diéramos cuenta de que en realidad yo simplemente digo lo que pienso. Aquí no hay frac ni maquillaje de estilo, ni comillas, ni rosario de datos puros para trufar de verismo, ni estilo verbal en tercera persona. Aquí uso el pronombre yo, porque soy yo quien le está hablando y usted merece que yo me responsabilice de lo que digo.

No hay más objetividad que la subjetividad confesa. Y Telefónica no es España. Lo fue, cuando era pública y sus beneficios eran públicos, o sea, para repartir –se repartiesen o no–. Ahora es privada y sus beneficios también lo son. Por eso sus problemas sólo son suyos. Igual que los de Repsol. Igual que Endesa. Pero a veces, los gestores de España les alquilan su respaldo, el respaldo de España.

El lunes día 19 de noviembre ha estado la Casa de América de Madrid Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique, invitado a un coloquio con Emilio Menéndez de Valle, eurodiputado socialista, en el ciclo Hacia el Bicentenario: América Latina, a debate.

El asunto se titulaba ¿Revoluciones en democracia? Las claves de la actualidad política latinoamericana. Y claro, se habló de Venezuela. Y de Chávez. Y del rey. Pero no sólo, y no fundamentalmente. Lo cual denota un saludable índice de independencia intelectual en lo contertulios.

Los dos ponentes coincidieron en algo: la democracia como sistema político de organización del poder está desarrollada, consolidada y funcionando en la región latinoamericana.

Ramonet destacó, junto a la democracia, otros dos rasgos de estabilidad generalizada: uno, la paz, porque no hay alzamientos violentos contra los poderes ejecutivos democráticamente constituidos, ni conflictos bélicos entre países –exceptuando la lacra que sufre Colombia– y el otro, el desarrollo económico, dado que se registra un crecimiento económico sostenido en el último quinquenio en torno al 5% como media según la CEPAL, con países como Venezuela que superan a veces el 10%, el 11%, o el 14% anual.

Frente a ello, el eurodiputado y ex embajador español marcó como rasgos remanentes y generales la miseria y la exclusión. Habló de ellas, pero en ningún momento abordó sus orígenes, ni trató de explicarlas, ni se preguntó ni nos hizo preguntarnos por sus responsables.

El señor Menéndez del Valle –quien viaja en avión como usted y yo lo hacemos en autobús urbano o en metro– se quejó de tardar más en llegar de la T4 (habló así, dando por supuesto que el término tecuatro formaba parte del vocabulario cotidiano de todos los presentes) al centro de Madrid que de Bruselas a la T4.

Aclaro con humildad que la T4 es la terminal del aeropuerto de Madrid-Barajas, y que aunque el mundo se haya convertido en una manzana de barrio para un gran número de pasajeros que viajan a diario con dinero público supuestamente destinado a servir al interés general, sigue habiendo muchos contribuyentes que no la han utilizado aún y quién sabe cuándo la usarán. Aunque se olvide, esta nueva clase internacional que igual presume de haber hablado ayer con Bush o la Bachelet y dos semanas antes con un ministro italiano en una cena en Roma, es minoritaria, muy minoritaria.

Pues, bien, Telefónica no es España. Y si precisa un rey para que defienda sus intereses privados, que se compre uno y le pague ella sus servicios de representación ¿no?

Telefónica no es España, pero mi madre sí lo es. Ella es España y su pensión de menos de 500 euros, también. España está llena de viudas como ella con pensiones raquíticas como la de ella. Y cargas sociales que las convierten en una especie de subdelegaciones ministeriales de asuntos sociales sin asignación presupuestaria. Ellas son España, pero el rey no viaja para defender sus intereses. Supongamos que sí los conoce.

La miseria y exclusión que sufren aún los países latinoamericanos y que tanto le duele al eurodiputado que viaja en avión como yo en metro no es fruto de las políticas que están aplicando presidentes jóvenes como Evo Morales o Rafael Correa o Hugo Chávez. Llevan más años interfiriendo en el mapa económico latinoamericano Repsol o Telefónica que Morales o Chávez.

Sin embargo, el nombre de las empresas no sonó en ningún momento en el discurso de Menéndez del Valle.

Reconoció el ex embajador español que saben practicar la democracia los latinoamericanos. Que él mismo ha participado como observador en numerosas citas electorales en Latinoamérica recientemente y que sólo puede decir que han sido procesos transparentes sin duda.

Sí, las democracias latinoamericanas son democracias vigiladas. Desde Europa, desde la América del norte, desde España tenemos que asistir a supervisar que ahí fuera, en ese otro mundo que está acatando la democracia-a-nuestra-manera, tenemos que asistir a comprobar que lo hacen bien. Y que igual de democrático es Alan García que lo fue Aznar, que lo son Rodríguez Zapatero o Chávez.

A Chávez, además, hubo que ir a vigilarle en 2004 para ver si realizaba bien el referéndum revocatorio. En Europa no se celebran referendums revocatorios, el derecho constitucional europeo no lo contempla. No han tenido a bien los europeos incluir en sus normas fundamentales la posibilidad de consultar al pueblo después de probar a un gobernante si efectivamente le sigue apoyando o, al tomar cargo de su poder, le ha defraudado y quiere revocarlo, sacarlo, del poder. En Europa no practicamos la democracia con posibilidad revocatoria, no tenemos expertos en la práctica de ese asunto, pero aún así también enviamos a nuestros observadores internacionales a vigilar si la revocación se realizaba correctamente o no en Venezuela en agosto de 2004.

Como esto es un artículo de opinión, puedo decir que esa práctica resulta ignominiosa desde mi punto de vista. La de la observación internacional que tanto practica el eurodiputado Menéndez del Valle, no la revocatoria, que no he podido practicar nunca hasta el momento y que me encantaría experimentar, sin duda, por ejemplo con la constitución que redactaron para mí ocho padres, o nueve, en secreto, siguiendo consejos telefónicos del otro lado del Atlántico, y que respeto y cumplo, pero no valoro positivamente, porque no puedo y que quisiera revocar, ya que representa una norma de convivencia, una regla del juego, que se dieron en su día un conjunto de personas que en parte ya están muertas y que se irán muriendo para dejarnos en herencia sus valores convertidos en ley superviviente. Porque, ¿acaso no es una arrogancia que una generación piense que ha dado con la norma que ha de ser válida para todos los que vienen luego? Pero ese espino nos daría para otro artículo otro día.

¿Quién necesita a los observadores internacionales en las elecciones de Venezuela –14 procesos electorales democráticos desde 1998–? ¿Los que no se fían? ¿Quiénes no se fían? ¿El rey de España, Telefónica, mi madre? Yo sí me fío. Quien no lo haga, que se compre también un aparato de vigilancia internacional de la democracia. Yo no puedo consentirme ese gasto en seguridad.

Por eso vivo en una democracia no observada por observación internacional. Acá, en España, votamos como podemos, dulcemente seducidos –no como en Venezuela, donde “ese loco les tiene comido el coco a todos porque tiene dominada la televisión”. En España votamos informados por medios independientes que publican la verdad al margen de que perjudique al rey, a Telefónica, a Repsol o a Carlos Slim. Nuestra información no está manipulada y disfrutamos de garantías que nos protegen frente a promesas incumplidas de los candidatos políticos que ganan elecciones. ¿Es así o no?

Hay quien ha ido al notario a firmar en público algunas de sus promesas electorales, de no pactar con el PP si ganan, por ejemplo, para que veamos que lo que pone en su programa electoral se compromete a cumplirlo. Compromiso con una frase del programa electoral, no con todo. ¿Y el resto? El resto, que no se firma ante notario, ¿tenemos que creer que se va a cumplir? No, simplemente se espera de nosotros que hagamos “como si”, como si nos creyéramos el juego. Somos los vigilantes de otras democracias, sería inadmisible sospechar defectos de forma en la nuestra.

Usted por ejemplo no quiere refrendar gobiernos que autoricen violentando la legalidad que España venda armas indebidas a países africanos. Usted lo tendrá difícil para informarse sobre quién lo ha hecho y para asegurarse sobre quién no lo va a hacer.

Los defectos de forma se solventan ignorándolos.

Poder elegir con conocimiento de causa y efecto significa calidad para la democracia. Pero no nos hagamos preguntas. Eso es retórica y nos manipula. Leamos información, lo publicado como información, con estilo objetivo de información, en medios consolidados y de referencia, que saludan con reverencia democrática los golpes de estado que se alzan contra gobiernos no convenientes en Latinoamérica.

¿Se acuerdan de El País en abril de 2002 y su trato respetuoso con el golpista Carmona en Venezuela? Nunca Chávez ha recibido un trato respetuoso semejante en ese diario. Por eso dijo Ramonet en la Casa de América: en un país que cultiva públicamente el insulto hacia personas que merecen respeto resulta natural que un rey lo haga también en una cumbre internacional.

Los medios de comunicación dominantes tienen el poder de fijar las franjas de lo admisible, construir y cultivar climas de respaldo o repudio.


Nov 21 2007

Aznar, no es un fascista, es algo peor

(…) Pedir el respeto para Aznar aduciendo que ofenderle es ofender al pueblo español por ser un compatriota que fue elegido democráticamente, es como absolver a Radovan Karadzic y Ratko Mladic del genocidio de los musulmanes de Bosnia-Herzegovina, es como pedir Willy Brandt respeto para Hitler por ser un compatriota y haber sido elegido democráticamente por el pueblo alemán. Sólo se entiende a Zapatero si busca hacer méritos para ser canonizado o si actuó entonces y actúa ahora en clave interna o electoral.

No se entiende la actitud inaudita y prepotente (hay que ver para creer) de quien lejos de ser cauto y ecuánime pisa la dignidad de Nicaragua y Venezuela, dos estados soberanos, en la persona de sus dos presidentes elegidos democráticamente y se cree con autoridad para lograr lo que no puede conseguir el presidente de España, hacer callar a Chávez. Juan Carlos de Borbón se otorga el derecho de interrumpir en escena sin previo aviso ni pedirle permiso a la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, para meterse donde no debía y decir lo que no podía al dar la cara por su amigo, el amigo de Bush, sin pensar que podía hacer saltar por los aires nuestras sólidas inversiones y relaciones comerciales y culturales con Ibero América, sin pensar que un Jefe de Estado no puede hacer el ridículo que él hizo, al dejar boca abiertos y pasmaos a los presentes y a los ausentes cuando vemos el vídeo y le oímos increpar a Hugo Chávez poniéndose por montera toda la tradición y el saber hacer de la diplomacia española al faltar al respeto debido a cuatro presidentes, a tres Jefes de Estado libres y soberanos. Nadie puede resbalar y caer en tal descrédito salvo que este pensando ya en su jubilación anticipada.

Que no encaja su salida de tono, su pérdida de nervios y de paciencia, su espontánea y reveladora arrogancia salvo que evidencie la huella impresa que dejo Fernando VII en su ADN, la que ha aflorado inoportunamente donde y cuando menos debía, pese a la esmerada y exquisita educación que le dieron su padre, el Conde de Barcelona y Franco, el invicto Caudillo de España por la Gracia de Dios, su mentor y protector que le designó para sucederle como futuro Jefe de Estado…

[Artículo completo de Olivier Herrera Marín, hoy en Rebelión]


Nov 20 2007

La irremediable decadencia de la monarquía española

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Higinio Polo

Ante los incidentes de la XVII cumbre iberoamericana, la complaciente prensa española se ha apresurado a centrar la responsabilidad por el enfrentamiento entre los representantes de España y Venezuela en las palabras del presidente venezolano, pasando de puntillas por el deslucido y zafio papel de Juan Carlos de Borbón. Todos los periódicos españoles de corte han cerrado filas para defender al monarca, llegando los editorialistas de El País a considerar que Juan Carlos de Borbón “estuvo en su papel”, aunque se traicionaban después al mostrar su preocupación por los continuos incidentes que protagoniza, mostrando su deseo de que “la figura del rey no debería estar por más tiempo en el primer plano político.”

Sin embargo, pese a la insistencia de esa prensa cortesana, para España lo más relevante de la cumbre iberoamericano no han sido las acusaciones del presidente venezolano Chávez al expresidente español José María Aznar. Lo que debería hacer reflexionar a los ciudadanos son las duras acusaciones que hicieron los representantes de varios países a las empresas españolas y a determinados comportamientos de su diplomacia. Porque, por ejemplo, está demostrado que la embajada española en Caracas recibió, en 2002, instrucciones precisas del presidente Aznar para apoyar el golpe de Estado en Venezuela, en connivencia con Washington. Lo que debería preocupar en España son las palabras de Daniel Ortega, acusando a la diplomacia española de interferir en los procesos electorales de Nicaragua, y de colaborar con la derecha de ese país para evitar el triunfo electoral del Frente Sandinista. Como debería ser motivo de gran preocupación las denuncias realizadas contra Unión Fenosa, acusada de utilizar métodos gansteriles en América Latina. Y debería preocupar que el presidente Néstor Kirchner haya criticado con suma dureza el irresponsable proceder de las empresas españolas en Argentina. Porque lo relevante del enfrentamiento de Santiago de Chile es que muestra el progresivo distanciamiento entre una parte importante de América Latina y España, por la avidez y la rapiña de las empresas españolas. Pero sobre todo eso, la prensa española ha pasado hasta ahora de puntillas.

La apresurada recopilación hecha en España, en varias cadenas de televisión, uniendo arbitrariamente algunas intervenciones de Chávez con la intención de presentarlo como un dirigente pendenciero, choca con la extrema amabilidad con que se ha tratado a otros presidentes, empezando con Bush y acabando con José María Aznar. Esa prensa española, que se rasga las vestiduras ante el calificativo de “fascista” lanzado por Chávez a Aznar, no respondió de igual forma cuando éste insultó a Chávez, como recordó en la cumbre chilena el vicepresidente cubano Carlos Lage. Aznar ha llamado a Chávez “nuevo dictador”, ha hablado de una supuesta “vuelta al nazismo”, ha denunciado el “enorme peligro para América Latina” que supone Venezuela, ha acusado al presidente venezolano de ser un defensor del “abuso, la tiranía y el empobrecimiento”, entre otras muchas expresiones semejantes. Aznar, además, apoyó un golpe de Estado para derribar a Chávez e instaurar una dictadura militar. Ante todo eso, ¿cómo espera la prensa española que califique el presidente venezolano a Aznar?

Esa era la realidad en Santiago de Chile, y, ante ella, Juan Carlos de Borbón pretendió hacer callar a Chávez. ¿Por qué se sintió ofendido Juan Carlos de Borbón ante las críticas de Chávez a Aznar? ¿Cómo cree el monarca que debe calificarse a un expresidente que apoyó un golpe militar para destruir las instituciones democráticas venezolanas? ¿Por qué sintió como un ataque la descripción del vergonzoso comportamiento de las multinacionales españolas en América Latina, denunciadas no sólo por Chávez, sino también por Correa, el presidente de Ecuador; por el nicaragüense Ortega y el boliviano Morales, e incluso por un presidente tan moderado como el argentino Kirchner?

Porque lo más relevante de la escena de Santiago de Chile no fue el lenguaje más o menos diplomático de los participantes en la reunión, lo trascendente no fue la pasión o los calificativos utilizados, aunque retumben ahora en unas reuniones que con frecuencia se han desarrollado bajo montañas de palabras llenas de retórica vacía, y entre los parabienes, besamanos y lisonjas a los que tan aficionado es Juan Carlos de Borbón, acostumbrado a que, en España, todos le rían las gracias. Lo relevante es la distancia, que se ensancha, entre una América Latina que, con justicia, quiere salir de la pobreza y unas empresas que, como hizo el monarca, se comportan con maneras de matón de taberna.

¿Porque, quién se ha creído que es Juan Carlos de Borbón para actuar como lo hizo? ¿Acaso cree que tiene autoridad sobre los presidentes y los pueblos de América Latina? ¿Tal vez se ha creído su propia leyenda, inventada por los servicios de la incalificable Casa Real, que sigue insistiendo en el gran prestigio de Juan Carlos de Borbón? Para empezar, el monarca español era el único jefe de Estado presente en la cumbre chilena que no ha sido elegido por su pueblo. El propio Rodríguez Zapatero, que insistía en la defensa de Aznar con el argumento de que había sido elegido democráticamente en su día, se traicionaba, puesto que tenía a su lado a Juan Carlos de Borbón, de quien no recordó lo mismo.

El gesto airado de Juan Carlos de Borbón intentando hacer callar al presidente venezolano, usurpando las funciones de quien presidía la sesión, hablando fuera de tono, y ausentándose después de la sala con manifiesta mala educación y falta de cintura diplomática, en el momento preciso en que se criticaba la actuación de las multinacionales españolas, muestra la verdadera condición de este monarca, no en vano forma parte de esos círculos empresariales que le han financiado caprichos vergonzosos. Acostumbrado a que le rían las gracias, las bromas chocarreras, los comentarios insulsos, ese “excelente profesional”, como le definen sus aduladores, se ha revelado como un individuo sin modales, que se siente molesto cuando se denuncian las prácticas corruptas de las empresas españolas en América.

La incompetencia y grosería mostrada por Juan Carlos de Borbón, cuyo rostro tras el incidente delataba su incomodidad, la inocultable vergüenza, es la enésima muestra de que España no puede soportar por más tiempo a un jefe de Estado semejante, que los españoles merecen tener una república entre otras, abandonando ya la pesada herencia del franquismo, impuesta a los ciudadanos hace ya treinta años. Porque esa actitud suya no es nueva. ¿No se recuerda acaso el gesto del monarca levantando el índice en un desagradable gesto chulesco ante la protesta de ciudadanos en el País Vasco? ¿No se recuerdan sus groserías previas al desfile de octubre? Ése es el monarca español, complaciente con la gran empresa, envuelto en turbios negocios que le aseguran rentas millonarias, despreocupado con los problemas reales de los españoles, un hombre que dedica casi todo su tiempo a sus relajos privados, impasible ante la corrupción que gangrena a España. Juan Carlos de Borbón, tan complaciente con Bush o con los reyes de Arabia o de Marruecos, es incapaz de decirle al presidente norteamericano la más mínima palabra contraria a la infame agresión contra Iraq que ha causado centenares de miles de muertos, pero pierde, sin embargo, los papeles ante una fundada acusación contra un expresidente español.

La deplorable y patética escena representada por el monarca, perdiendo los estribos, es una prueba más de que España no debe continuar soportando una monarquía antidemocrática e inútil, aunque los ciudadanos del país no deben sentirse avergonzados, porque Juan Carlos de Borbón no los representa. Quienes han hecho de la adulación al monarca español un apostolado y un negocio, pontificando sobre el “benéfico papel” que Juan Carlos de Borbón tiene como representante de España, pueden comprobar ahora que ese monarca apenas sirve para otra cosa que para intercambiar bromas irrelevantes en reuniones y para mantener a toda su familia a costa del presupuesto público, y que, además, se comporta como un bocazas de taberna. Los tiempos están cambiando, porque, aunque lo lamente el editorialista de El País, cuando están empezando a quebrarse todos los muros construidos para sostener la gran mentira de una monarquía impuesta, estamos asistiendo también a la irremediable decadencia de Juan Carlos de Borbón y al anuncio de la III República española.

Higinio Polo es licenciado en Geografía e Historia y Doctor en Historia contemporánea por la Universidad de Barcelona.


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